Finita la commedia

La extrema derecha del Partido Republicano, que es la fracción más fuerte de ese partido, es inflexible...

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Félix Cortés Camarillo 02/07/2014 03:04
Finita la commedia

En línea recta hay 268 kilómetros entre Brownsville y Laredo en el sur del estado de Texas. En el bolsón que esa línea y la serpiente dibujada por el curso del río Bravo forman hay 52 mil almas sin esperanza y cuerpos en desventura, de hombres y mujeres que hoy tienen entre cinco y quince años de edad. En su mayoría son de la Centroamérica más lastimada en su seguridad y en su hambre: los países de Guatemala, Honduras y El Salvador.

Todos tienen algún pariente en Estados Unidos, muchas veces uno de los padres o ambos y, en ciertos casos, con algún grado de situación migratoria regularizada. Una de las consecuencias más graves de la política de Migración de Estados Unidos ha sido la fractura de las familias. Hay decenas de miles de esposos separados de sus mujeres y de hijos imposibilitados de ver a sus padres o hermanos.

El fenómeno de los últimos meses —todo este éxodo masivo de niños sin acompañante llevados por polleros a la tierra prometida comenzó en octubre pasado— ha sido artificialmente fomentado por el rumor de que las leyes migratorias estadunidenses serían modificadas en el sentido de otorgar una especie de amnistía a los menores de edad que hubieran llegado solos al territorio del norte antes de una fecha determinada, este año. Obviamente, el rumor ha sido alimentado con entusiasmo por los que tienen en el tráfico de personas un lucrativo negocio. Los medios de información hemos sido compañeros de viaje al creer que el presidente Obama tendría éxito en su buena intención de alentar en el Congreso nuevas leyes de migración que precisamente redujeran el pernicioso efecto de dividir a las familias.

La extrema derecha del Partido Republicano, que es la fracción más fuerte de ese partido, es inflexible. No va a apoyar una reforma que beneficie a los migrantes niños. Y, con ello, probablemente esté abriendo sin querer un camino a la catalización del fenómeno: Obama va a ejercer su privilegio ejecutivo, condición excepcional en la que el presidente pasa por encima de los otros Poderes cuando la situación a resolver sea de una gravedad extrema.

Para los políticos estadunidenses el problema de los migrantes indocumentados es una causa menor. No obstante, el tufo de racismo que la actitud de la derecha desprende tiene un impacto muy fuerte en la primera minoría étnica de Estados Unidos, los hispanos. De ellos, los que votan tuvieron un importante papel en la llegada al poder del primer presidente negro de ese país. De ellos, los que votan van a cobrarle la actitud antiinmigrante en los próximos comicios del 4 de noviembre de este año, en el que la tercera parte del Senado será electa, a los candidatos republicanos. Que termine la comedia: dejemos de hacernos patos y aceptemos que la responsabilidad por esos niños, por sus padres y por su explotación es compartida a ambos lados de la línea fronteriza.

Desde luego, casarse a ciegas con esta idea es como alimentar esperanzas en el desempeño de la Selección Nacional de Futbol. Una tercera parte de los votantes de Estados Unidos tiene algún interés en las elecciones de noviembre próximo. Al resto, el asunto le vale gorro. Sin embargo, el factor niños desvalidos, separados de sus padres por una sociedad que se dice cristiana, es algo que incluso una sociedad de doble moral no puede dejar pasar inadvertido.

Por lo pronto, Obama necesitará millones de dólares para darles de comer y cobijo a esos 52 mil cuerpos hambrientos; dólares que saldrán del órgano más sensible del cuerpo humano, el de los contribuyentes estadunidenses. Pero hay que alimentar esos cuerpos aunque a sus almas no pueda dárseles esperanza.

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