Sabor de engaño

La migración ilegal hacia economías prometedoras es un negocio millonario en todo el mundo...

COMPARTIR 
Félix Cortés Camarillo 01/07/2014 00:59
Sabor de engaño

                ...es imposible seguir viviendo de esta manera.

                Mario Álvarez. Sabor de Engaño

 

McAllen, Texas.- Por lo menos la señora Ana García de Hernández, esposa del presidente de Honduras, vino a darse cuenta de las condiciones en que se mantiene a los miles de niños de su país que cruzaron Guatemala y México con las penurias imaginables, para acabar en manos de la patrulla fronteriza. Son sujeto de la caridad cristiana y la compasión de los paisanos. En comparación con lo que vivían en su patria, se encuentran bien: siguen durmiendo en el suelo, pero comen tres veces al día. Lo más ominoso es que están tras las rejas.

La ley norteamericana, flexible y tortuosa que es, ofrece una mirilla de falsa esperanza a estos niños que cruzaron sin acompañante de familia la frontera con Estados Unidos. Si hubieran venido de la mano de sus padres, el proceso de extradición sería expedito. Por ser menores, el juicio durará más tiempo, y si tienen familiares en Norteamérica, pueden esperar al lado de ellos el resultado previsible, que es la deportación. Si no hay familia, seguirán retenidos hasta el regreso a “casa”. Esa no es la cuestión. Se trata de saber por qué de sopetón se han acumulado esos niños en los centros de detención, por qué se dejaron venir, fueron enviados, en tal volumen.

La respuesta es sencilla y dolorosa, y la culpa es compartida. Entre la comunidad centroamericana de Estados Unidos, y en Honduras, El Salvador y Guatemala, ha florecido recientemente el rumor de que los niños que llegan a este país sin acompañante no son deportados. Terreno fértil a esa falsedad lo han proporcionado los medios de comunicación que simpatizan con la declaración frecuente del presidente Obama en favor de una reforma migratoria: la intención puede ser legítima y sincera, pero el Presidente no hace las leyes. Su función es hacer que se cumplan, y el Congreso de los Estados Unidos no va a modificar las leyes migratorias en un lapso breve.

La migración ilegal hacia economías prometedoras es un negocio millonario en todo el mundo; del Magreb a Europa o de México y Centroamérica a Estados Unidos. Como suelen ser todos los negocios millonarios, es despiadado e inmoral. Los polleros mexicanos y los coyotes de Centroamérica se encargan de difundir la especie de la esperanza, fomentar la emigración de niños solos y cobrar por adelantado las cuotas de peaje. Pero no están solos.

Los niños y adolescentes centroamericanos que son enviados al destierro incierto tienen que atravesar la República Mexicana, después de cruzar el primer río. Ahí están los otros zopilotes hambrientos, socios de los polleros, que en el mejor de los casos extorsionan, y en el peor, abusan sexualmente. El domingo vi en entrevista televisada al presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina. A pregunta expresa de María Elena Salinas sobre lo que hay que hacer para evitar este éxodo criminal, como todos los políticos de la región que tienen vocación de sastre, dijo que era necesario tomar medidas, eso sí, enérgicas. Pero dio a conocer un dato interesante: si el número de centroamericanos deportados por Estados Unidos es alto, el de deportados por México es escandalosamente mayor.

Todos son lo mismo. Beneficio propio, jódanse los demás.

Comparte esta entrada

Comentarios