¡Puto, puto, puuutoo!

Lo más comentado es el circo armado por la FIFA en torno a los aficionados mexicanos y... el grito lúdico que condena las jugadas pusilánimes.

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Félix Cortés Camarillo 23/06/2014 01:15
¡Puto, puto, puuutoo!

El que no brinque, el que no salte...

Molotov, Puto, 1997

 

Puto el que lo lea.

La Copa del Mundo de 2014 ha sido útil para cosas muy diversas. Para demostrar el nivel de podredumbre e ineficiencia en el cuerpo arbitral que administra la FIFA, por ejemplo, o para llamar la atención sobre los orificios que muestra la embarcación llamada milagro brasileño para los ilusos de la OCDE y amigos que le acompañan. Los atracos, silbato en mano, han sido tan evidentes que la misma FIFA ha tenido que salir a taparle el ojo al macho. La crispación social de los brasileños no va a terminar el 14 de julio cuando el campeón se lleve la copa a su casa: los brasileños se quedan con el resquemor del despilfarro y la corrupción rumbo a los próximos Juegos Olímpicos.

Lo más pintoresco y comentado, sin embargo, es el circo armado por la FIFA en torno a los aficionados mexicanos y la puesta en circulación del grito lúdico que condena las jugadas pusilánimes o los juicios erróneos. La FIFA amenaza a los mexicanos (¿cuáles?) con sanciones económicas por andar llamado puto a un jugador que retrasa, un portero que hace tiempo, un defensa que se tiende adolorido en el pasto o un árbitro que tolera y propicia todo eso. Dice la FIFA que eso es expresión homofóbica de los machos mexicanos.

Ya se ha escrito y publicado con amplitud e inteligencia sobre la simple y equivocada interpretación de la palabra puto; mucho más y con mayor acierto alrededor de la cuestionable moral de la FIFA y su historial, que todavía tiene temas debajo de la alfombra. La homofobia que quieren ver a todas luces en el jocoso grito es falsa; ni siquiera la connotación de pusilánime es válida. Yo he visto homosexuales confesos partirles la madre a golpes a machos calados que agredían en mayoría. Pero ese no es el punto.

El asunto es de ética, y la ética es uno de los muchos terrenos que el deporte profesionalizado y mediatizado de nuestros tiempos nunca transita.

Hasta donde vamos, y hasta donde yo entiendo, el campeonato del mundo en soccer en Brasil va resultando muy exitoso, con proliferación de goles, con juegos atractivos en su desempeño y equipos sorpresa, tanto en la derrota como en la emergencia. Eso, para cualquier empresario del circo, es sensacional y garantiza estadios llenos y teleaudiencia récord. En paralelo, los cada vez más frecuentes clamores en contra de los trastupijes de los que llaman los hombres de largo y los millones de euros que se juegan en esa invisible liga reorientan la atención de la gente fuera de la cancha. Y ahí encajan muy bien los gritones mexicanos de los estadios. Los mexicanos al grito de puto, como escribió Yuriria Sierra en Excélsior, le proporcionan a la FIFA  una cortina nebulosa que puede ocultar cosas mucho más importantes.

Ahora, si la FIFA quiere hablar de homofobia, ¿por qué no analizamos un poco la política en este campo de la Rusia de Vladimir Putin, sede del siguiente Mundial en 2018, otorgada precisamente por Blatter y asociados?

Puto yo.

Pilón.- El señor Salvador Jara Guerrero ya es gobernador de Michoacán, si a lo que asumió se puede llamar gubernatura. Pero, ¿alguien se ha dado cuenta de que todos los voceros del pluripartidismo que gobierna este país subrayan que la principal, tal vez única, virtud del señor Jara es no pertenecer a ningún partido? Además, tienen razón.

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