El rey que hay en Madrid se fue a Aranjuez

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Félix Cortés Camarillo 20/06/2014 01:54
El rey que hay en Madrid se fue a Aranjuez

                The rain in Spain stays mainly in the plain.

                Pascal, Lerner y Lowe, My Fair Lady, 1956

 

Felipe VI, Rey de España, cerró su discurso de entronización con un agradecimiento dicho en las cuatro principales lenguas que se hablan en su tierra: el castellano, el catalán, el vascuence (euskera) y el gallego. Antes, en su discurso de toma de posesión, había reafirmado su fe en la unidad de España, en una unidad que no signifique uniformidad.

Al lado de la crisis económica que España arrastra desde hace seis años, el problema de sus separatismos y anhelos independentistas es uno de los más graves. A éste hay que sumar los rescoldos reavivados del espíritu republicano que no murió del todo con el triunfo de Franco en la Guerra Civil.

En España, como en todas las monarquías que sobreviven, el rey no tiene poder alguno ni intervención efectiva en los asuntos del gobierno. Su papel de jefe de Estado es meramente ceremonial, de ornato. De ahí que el primero de los problemas de España no dependa en lo absoluto de la capacidad o la disposición del nuevo monarca. La economía es una ciencia oculta que manejan los señores del dinero.

Los actos del Estado español en Madrid la tarde de ayer contradecían la esencia del discurso conciliador del marido de Letizia y su melifluo agradecimiento políglota al final del discurso. Durante todo el recorrido desde la corrida de San Jerónimo, la Calle Mayor, hasta el Palacio de Oriente, cualquier manifestación, pendón, bandera o pancarta favoreciendo al espíritu republicano o a los nacionalismos catalán o vasco fueron prohibidos. Si alguno se presentó fueron reprimidos, según informan los medios. Muy escaso afán conciliador, en todo caso. La canción del epígrafe es de Mi Bella Dama, y describe las dificultades del profesor Henry Higgins para enseñarle pronunciación correcta de la lengua inglesa a la florista callejera Eliza Doolittle. No es cosa fácil, y como demuestra el antecedente teatral de la comedia musical, Pigmalión de Bernard Shaw, tampoco unas palabras bien pronunciadas arreglan nada. Así sean dichas en cuatro lenguas.

Probablemente para el tema de la república y su restauración sea un poco temprano; sin embargo, para la discusión de la legitimidad de la monarquía, constitucional o no, el derecho dinástico, tal vez ya sea demasiado tarde. El rey se ha ido. Viva el rey. ¿Por cuánto tiempo?

Pilón.- Bien por el doctor Mario Molina Pasquel, Premio Nobel de Química que sirve lo mismo para un barrido que para un trapeado si de apariciones en público se trata. Bien por el doctor Miguel Ángel Mancera, gobernador de la capital de la República, tan preocupado porque los mexicanos adquiramos a la de tres un vehículo del año, chirriando de nuevo. Para ellos, que no son usuarios ni dueños de carcachas, es muy fácil solucionar el problema de la polución ambiental de la Ciudad de México a la manera de los políticos tradicionales: regulando, limitando, prohibiendo, legislando, dictaminando. Un día de no circula, va. Dos días, mejor. Cuatro, aleluya. A ninguno de ellos se le ocurre que los que se mueven en carricoches viejos es porque no tienen para adquirir uno nuevo, y que si no usan un transporte colectivo eficiente, seguro, barato y limpio para moverse por esta gran ciudad, es por una simple razón: no hay. Diga lo que diga la ingeniero Tanya Müller, experta horticultora que cobra como secretaria del Medio Ambiente del DF y cuya insensibilidad para los ciudadanos de a pie o de carcacha ha sido proverbial.

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