Contra el destino nadie da talla

España, el más reciente campeón mundial del futbol, está descalificado. Juan Carlos, rey de España por cuatro decenios, se va bastón en mano a su casa, nada pobre, por cierto.

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Félix Cortés Camarillo 19/06/2014 01:07
Contra el destino nadie da talla

Curiosamente, la misma tarde en que Juan Carlos de Borbón, rey de España, firmaba la ley de abdicación que deja a su hijo convertido en Felipe VI, el equipo campeón del mundo en futbol perdía en el Maracaná de todas las devociones frente a Chile por dos goles a cero, sin lograr avanzar al “cuarto partido”, sueño regular de la Selección Nacional mexicana en estas competiciones. España, el más reciente campeón mundial del futbol, está descalificado. Juan Carlos, rey de España por cuatro decenios, se va bastón en mano a su casa, nada pobre, por cierto.

Las coincidencias son cosas de brujería; en ellas creen las clientas de las pitonisas y los aficionados a las lecturas del Tarot. Yo más bien creo en las mecánicas de negocio, y el Mundial de Futbol es un enorme negocio de miles de millones de rublos o euros; lo que caiga primero. A nadie se le ocurre pensar que un día la copa que se llamó Jules Rimet sea disputada en una final entre Serbia y Bosnia, o entre Ghana y Luxemburgo, aunque los cuatro respetables países tengan posibilidades de desarrollar un buen juego de futbol: no van a provocar grandes teleaudiencias que derivan en cuotas altas de publicidad electrónica, flujos de turismos deportivos o montos elevados de apuestas a los resultados.

De esta suerte, sin que esté plenamente manipulado el curso de las primeras etapas de la Copa, es evidente que en el diseño de los grupos iniciales, los expertos matemáticos de la organización eviten dentro de lo posible que las grandes potencias del deporte y la afición numerosa y pudiente se enfrenten en los primeros partidos. Si es posible, reservar los tres juegos del fin para la participación de los mejores equipos, en el pronóstico de todo el mundo.

España, que ganó hace cuatro años el campeonato del mundo, no pasa a la siguiente etapa. Juan Carlos dejó anoche de ser rey de España, al mismo tiempo en que entraba en vigor la ley de abdicación y entregaba la faja imperial que hace de Felipe VI el comandante supremo de las fuerzas armadas. La ceremonia de investidura de hoy jueves por la mañana es meramente protocolaria. Felipe VI es rey desde la noche anterior.

Juan Carlos asumió la necesidad de un relevo generacional en su cargo, para tomar la esperada y bienvenida decisión. El equipo rojo que perdió ayer con Chile no tenía que explicarlo: la gente lo vio. El viejo futbol conservador de las estrellas de entonces, que ya no somos las mismas. Dejó el terreno abierto a un equipo chileno ágil, audaz, irreverente y ávido de seguir adelante en la liza, pero además de pasar por encima de un equipo australiano que puso a parir chayotes a los holandeses ayer y que, al igual que los españoles, ya no califican para seguir adelante.

Es un cambio generacional, no cabe duda. Felipe y Letizia ya no pueden ser los reyes viejos al estilo de la victoriana Elizabeth de Londres. Los señores que saben de futbol me dicen a cada rato que el Brasil de ahora no es ni sombra de lo que fuera, que Rusia jugaba mejor cuando era soviética y que Alemania no tiene asegurado su boleto a la final.

Voy a alejarme de la buena muchachada, canta Gardel. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

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