La novia vendida

La Iglesia católica ha sido por nueve siglos la novia vendida a la derecha más recalcitrante del clero, la más activa y poderosa.

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Félix Cortés Camarillo 12/06/2014 01:12
La novia vendida

Mi madre me ha dicho que hoy a la fiesta vendrá el hombre con el que me he de casar.

Marenka, Acto I de La Novia Vendida, de B. Smetana

 

Los orígenes y la pista de esa bárbara costumbre del celibato sacerdotal en la Iglesia católica apostólica y romana son difíciles de trazar. No tienen un sólido sustento en los textos llamados sagrados y son más bien el resultado de políticas internas dictadas (Concilio de Letrán, Siglo XII) por intereses tan oscuros como el mismo celibato y sus consecuencias. La verdad es que hay más rastros en la Biblia de que Jesús, y, desde luego, Pedro, veían la Iglesia que estaban fundando más bien en manos de seres humanos de excepción en cuanto a la fe y la devoción, pero normales en lo que se refiere a las tentaciones de la carne. Los sacerdotes de la fe judía, de donde venimos, los rabinos, son seres humanos que tienen una vida familiar con todas las ventajas y desventuras que el matrimonio da.

No tenía yo noticia de la existencia, que celebro, de una Federación Latinoamericana de Sacerdotes Católicos Casados. Igual sorpresa me había causado antes el documento de las 26 mujeres emparejadas con curas que recientemente enviaron al papa Francisco. La referencia al tema hecha por el pontífice a bordo de un avión que recientemente le llevaba de regreso de Tierra Santa a Roma, hace abrigar esperanzas de que la Iglesia reconsidere ese viejo y lastimoso rito.

En la informalidad de las pláticas del pasillo del avión en vuelo, Francisco hizo referencia sesgada sobre un tema que él considera secundario. “La Iglesia católica tiene curas casados. Católicos griegos, coptos… en el rito oriental”. Y luego: “Porque no se debate sobre un dogma, sino sobre una regla de vida que yo aprecio mucho y que es un don para la Iglesia”. Sin embargo, la frase más definitiva fue dicha enseguida: “No siendo un dogma de fe, la puerta sigue abierta”.

No será una puerta fácil de franquear.

La Iglesia católica ha sido por nueve siglos la novia vendida a la derecha más recalcitrante del clero, lamentablemente la más activa y poderosa por largo periodo. Una derecha que ha preferido tener en su clerecía pedófilos perversos y no seres humanos que comprendan mejor la naturaleza del pecado porque han sido ellos mismos pecadores.

El paso inevitable de convertir el celibato y votos de castidad de obligatorios en optativos no se dará como una graciosa concesión a los tiempos nuevos que vivimos, en los que resultan no solamente anacrónicos, sino contra natura. Si esta Iglesia entiende que uno de los caminos que pueden llevarle a superar la crisis de vocaciones sacerdotales es este paso a una moderada modernidad, se dará cuenta de que es algo inevitable.

La Federación Latinoamericana que mencioné líneas arriba dice que en México hay entre seis y ocho mil sacerdotes que solicitaron la dispensa de sus votos y colgaron los hábitos. La picaresca mexicana dice que otros nada más se los alzaron. Pero el asunto es mucho más serio. Independientemente de las desviaciones mentales y morales que ha propiciado el abuso de niños y adolescentes por parte de curas, el celibato forzado aportó un caldo de cultivo lamentable para que ese fenómeno doloroso, criminal y punible, haya podido darse por decenios.

Para estar a tono con la fecha, habrá que decir que el balón está en la difícil cancha de Francisco papa.

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