El circo

Es, desde sus orígenes, un espectáculo catártico de violencia, combinado con manifestaciones de habilidades prodigiosas.

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Félix Cortés Camarillo 11/06/2014 01:53
El circo

El tema de los animales en los espectáculos circenses es de los que están predestinados a discusiones estériles, actitudes intolerantes y desgarramientos dramáticos de vestiduras. El circo es, desde sus orígenes, un espectáculo catártico de violencia, combinado con manifestaciones de habilidades prodigiosas. Se presta mucho, también, a su uso con fines políticos estrictamente demagógicos.

Tal vez en el antiguo Egipto comenzó a sistematizarse la domesticación de animales para hacerle compañía grata a los humanos, como una forma más avanzada de la doma, que es el dominio por medio de la fuerza para aprovechar la carne de los animales como alimento. Los dos fenómenos se inician a partir del sedentarismo, que es la característica del neolítico, cuando el hombre aprende que las semillas tiradas en la tierra dan origen a nuevas plantas y modifican su dieta a partir de la agricultura.

Debe ser el perro el primer animal domesticado, el primer animal que no se cultiva para comer sino para hacer compañía, inicialmente en la caza y muy posteriormente en el hogar o el juego. El entretenimiento de los niños tiene en estos procesos un papel fundamental.

La Asamblea Legislativa del Distrito Federal ha aprobado por mayoría que “queda estrictamente prohibido presentar en espectáculos circenses, obsequiar, distribuir, vender y en general efectuar cualquier uso de animales vivos, tales como utilizarlos como premios en sorteos, juegos, concursos, rifas, loterías, para tomarse fotografías o cualquier otra actividad análoga”.

Vamos dejando de lado la pobre gramática de esta redacción. Ya se sabe que los legisladores, y en general los políticos, están reñidos a muerte con las virtudes de nuestra lengua. En el costal de la demagogia caben por igual los toques eléctricos de picana dados a los elefantes para que levanten la patita, que los concursos de perritos de complicado pedigree o las fotografías de mi hija acariciando a sus tres años un conejito en la tienda de mascotas. Si los inspiradores de esta jalada fuesen consecuentes, la existencia misma de los zoológicos, aviarios y acuarios, como el que se inaugura por allá por Polanco con magna inversión y noble propósito debiera prohibirse. El enjaular o aprisionar a cualquier animal es una forma de crueldad, según estos demagogos.

Ya otras entidades del país han entrado por el aro de este circo mediático, sin consideración alguna a un análisis serio del papel educativo que la convivencia de los animales de dos pies con los de otras características reportan al final del día. Los mantenidos del palero Partido Verde Ecologista, una empresa familiar para vivir a costa del erario y conseguir posiciones de poder, lograron forzar una decisión que carece de sustento razonado, salvo que la votación sea una especie de autodefensa.

El tema del maltrato a los animales merece una consideración más seria. Incluiría, desde luego, el problema de los perros callejeros, su reproducción feroz y su contaminación fecal de nuestras calles, por citar solamente uno de los ejemplos. Pero hay animales racionales y otros que no lo son. Algunos legislan.

Pilón.- Allá en el norte, la porquería de las precampañas electorales ha tocado la puerta de las casas encuestadoras, dispuestas por lo general a levantar una encuesta a gusto de quien tenga los recursos para pagarla. La escasez de figuras políticas para encontrar candidatos a la gubernatura de Nuevo León y la alcaldía regiomontana despeñó los apetitos y los buenos deseos, dando por seguros a candidatos que en su vida soñarían ganar una elección. Poco favor le hacen sus promotores al secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, o a las senadoras priistas, que no salen ni en kermés. Peor, los que se suman al convenenciero carro de la alcaldesa panista Margarita Arellanes, cuya cauda de asuntos turbios con los casinos y la corrupción le afecta sobremanera. Tiene que haber gente más preparada; por ahí andan en los cuerpos legislativos federales.

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