No salgas niña a la calle

Si lo que hicieron los bosnios fue una marranada, como dice el señor Herrera, lo que hizo El Piojo fue una estupidez.

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Félix Cortés Camarillo 06/06/2014 01:14
No salgas niña  a la calle

Haber, vamos viendo. El que se ríe, se lleva.

Si la señorita hija del director técnico de la Selección Nacional de Futbol de México puede llamarnos estúpidos a todos los que criticamos el pobre desempeño de esos privilegiados del balón en Chicago, y su papá puede llamar marranada a la decisión táctica de no someterle a tiempo a su señoría la lista de los jugadores que le iban a partir la madre a sus pupilos, algo anda mal. Y lo que no anda mal son las burlas que cientos de jóvenes sin quehacer se han encargado de producir en mensajes electrónicos, con talento extraordinario, para exponer la tontería de la señorita mal llamada pioja. Pero el que se ríe se lleva. Nadie le dijo a la joven que pusiera en la picota de la electrónica su indignación sentimentaloide, aderezada con sus elementales carencias en el conocimiento del idioma, expuestas en el mínimo de tres líneas. Lengua nacional, se decía en mi primaria.

A don Miguel Herrera, mejor conocido como El Piojo, no le va a pasar nada. Ni cuando los turistas de camiseta verde regresen con las mismas malas nuevas de siempre; probablemente ya no le lluevan los contratos de patrocinio comercial que se montaron en el tren de la inmediata popularidad expuesta, pero no faltará quien ocupe un preparador técnico que se puede disfrazar de protagonista para un  stand up comedy.

Yo entiendo perfectamente la indignación de doña Mishelle Herrera. De hecho, me hace muy feliz cuando mis hijas e hijos defienden a capa y espada la calidad intelectual y ética de su padre, aunque ello se deba en gran parte a que sus respectivas madres les han inculcado esa vocación.

Sin tener idea de cómo se juega el futbol, más allá de que se le pega con los pies a una pelota con el propósito final de que llegue a un destino claramente establecido, tengo perfectamente claro que el resultado final de mi desempeño, y en el caso de los directores técnicos del desempeño del equipo, no depende de factores externos. Léase, el equipo contrario. Si lo que hicieron los bosnios, modificando su alineación al cinco para las 12, fue una marranada, como dice el señor Herrera, lo que hizo El Piojo fue una estupidez.

Mi preparación elemental sobre futbol ayuda mucho. Los partidos de cualquier deporte los gana el equipo que anota más tantos. La victoria, esa digna señora que los artistas sueñan alada, núbil y virgen, es una pinche vieja coscolina que se va con aquel que jugó mejor y marcó un número mayor. Lo demás es engaño de adolescentes para el que siempre tenemos el recurso de exponer la maña ajena y la trampa misteriosa. Exactamente lo que denunció vociferante El Piojo, y salió a defender sin argumentos su hija en las cruentas redes que se quieren llamar sociales. El que se ríe se lleva.

No salgas niña a la calle, porque el viento fementido jugando con tu vestido puede dibujar tu talle.

Las verdades se ocultan mientras la mentira vive. Los sitios de la vergüenza compartida en que se han convertido las electrónicas redes sociales no son nuevos. En los lejanos tiempos, la revista Confidencias publicaba los desesperados clamores de cuerpos solitarios que buscaban un alma gemela para llevarse su cuerpo a la cama. Sé de un par de varones que gracias a esos anuncios confidenciales pudieron encontrar pareja que durase un tiempo, como tienen que durar todas las parejas. Sé de muchos otros que fueron objeto de escarnio en su lastimosa imploración de soledades. Ni Mishelle Herrera quedará más triste en su Twitter con el descalabro permanente de los futbolistas mexicanos en Brasil ni su padre verá mermado su peculio ni los ciudadanos de este país nos vamos a cortar las venas con una galleta salada.

Como dice Guillermo Ochoa, que le sigue apostando al futbol nacional, la vida va.

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