Y al verme tan solo y triste

Según el titular del INE, para 2018 los 13 millones de mexicanos que, él estima, viven en EU podrán votar en su lugar de residencia.

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Félix Cortés Camarillo 28/05/2014 00:59
Y al verme tan solo y triste

Odio las juntas de trabajo pretendidamente democráticas: todo mundo se siente obligado a emitir una opinión, aunque no tenga la menor idea de lo que se habla, para no pasar por ignorante o desinteresado. Lo mismo me provocan los encuentros casuales de los políticos y funcionarios mexicanos con los medios de comunicación en entrevista. Esos señores son incapaces de decir una simple frase, “no sé”. Por ello caen en tropiezos y dislates.

El doctor Lorenzo Córdova Vianello hablaba ayer por la mañana en la radio con Óscar Mario Beteta. El doctor es el consejero presidente del renombrado IFE, que ahora se llama INE y es la misma gata, nada más que revolcada. Hablaban de la nueva credencial de elector, que es la misma credencial que la anterior, pero con otro membrete. Le preguntó el conductor al otro conductor si era pertinente incluir en la información que da dicha credencial el tipo de sangre de su portador. Don Lorenzo dijo que proporcionar públicamente ese dato podría poner en peligro la seguridad personal del votante.

De inmediato me imaginé a mí mismo víctima de un politraumatismo con hemorragia severa, y cómo algún X-Man perverso se me acercaba con una dotación de sangre de diferente tipo de la mía para hacerme una transfusión letal. No, pues sí.

Pero el tema de fondo era otro: el voto de los mexicanos en el extranjero, tema que conozco de primera mano. Según el titular del INE, para 2018 los 13 millones de mexicanos que, él estima, viven en Estados Unidos podrán votar en su lugar de residencia, puesto que la embajada y los consulados que hay en ese país les van a expedir la credencial referida arriba y les facilitarán el ejercicio de ese derecho básico.

El primer error, admitido por el doctor Córdova, es que las cifras de los mexicanos en Norteamérica son sólo estimados; la de 13 millones se queda corta ante los cálculos de profesionales. Ahora, si fueran 13 millones, esa cifra incluiría a los menores de edad y a los realmente indocumentados, que no pueden demostrar ni su nacionalidad ni su edad ni su estatus ante el propio Estado mexicano.

Una cifra más realista arrojaría cuatro o cinco millones de mexicanos con derecho y disposición a votar. Lo cual no es baba de perico, y de esto trata esta columna. Mi experiencia personal indica que hasta ahora los mexicanos que viven en el extranjero pueden votar —yo personalmente lo hice— por medio de un complicado proceso burocrático que además es caro. Uno debía inscribirse ante el IFE en un padrón especial mediante una solicitud acompañada de documentos varios que debe ser enviada en un plazo establecido, por correo estrictamente certificado. A vuelta de correo se ha de recibir un formato para votar, que de nuevo debe ser retornado por correo certificado dentro del plazo legal. El costo del correo certificado en todo este circo ronda los 80 dólares estadunidenses. No todo mundo se puede permitir ese lujo de la democracia.

Pero el tema del voto de los paisanos es muy importante no sólo por su volumen; los mexicanos en el extranjero, que en su inmensa mayoría evocan la tierra del sol en sus canciones, fueron obligados a la emigración por falta de oportunidades de escuela, trabajo, vida digna, en México. Es presumible que a la hora de emitir su sufragio, que la cultura estadunidense les ha demostrado que sirve de algo, tomen en cuenta esa realidad primigenia. Además, recordarán la situación en que se encuentran sus familias a las que envían religiosamente las remesas. Situación que, asumen, es culpa del gobierno.

Desorganizada e incompetente, la izquierda mexicana ha adivinado el filón que los mexicanos en el extranjero significa. Es el único movimiento político que por lo menos se ha asomado a esa comunidad. Josefina Vázquez Mota, luego de que su partido la dejara naufragar, le ha hecho ojitos, ella sola, a los paisanos. El PRI ni los ve ni los oye. Por la suma de todo eso, los gobiernos de Fox, Calderón y Peña no pelan a los mexicanos de allá: les tienen miedo.

Pilón.- Gracias por los comentarios a mi columna de ayer sobre el bullying. Sólo un bíblico Carlos Cebreros, para fundamentar su rechazo al aborto, condenó, en nombre Dios, la disciplina a que debemos someter a nuestros hijos. Yo cito al Buen Libro: “No rechaces la corrección del muchacho, porque si lo hirieres con vara no morirá. Tú lo herirás con vara y librarás su alma del infierno”. Proverbios, 23, 13

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