Concha divina, preciosa chilindrina

Madero y Cordero se pelearon todo el tiempo el privilegio de ser el más corrupto, el más afín al Pacto por México, el más dispuesto a seguir el juego del Ejecutivo.

COMPARTIR 
Félix Cortés Camarillo 21/05/2014 03:03
Concha divina, preciosa chilindrina

Ni que fuera pan de huevo el instituto político que el viernes tomará entre sus manos Gustavo Madero para que fuese diferente del partido que estuvo comandando Gustavo Madero, o del que eventualmente obedecería las órdenes de Ernesto Cordero. La equilibrada votación de 70% de los panistas registrados solamente indica que en realidad no había dos candidatos sino solamente uno con nombre diferente y cuenta bancaria distinta. Son igualitos.

Como si al resto de los mexicanos nos interesara, esa afinidad es lo que Madero y Cordero se dedicaron a hacernos saber por todas sus acciones y dichos. Las campañas de esta elección interna no tuvieron ni siquiera la intención de hacernos creer que había una propuesta, una postura, una actitud de un lado u otro; algo que un militante del PAN pudiera adoptar como propio. Las pandillas de ambos lados solamente tenían la labor de demostrar que el adversario era más peñista que su propio líder. Se pelearon todo el tiempo el privilegio de ser el más corrupto, el más afín al Pacto por México, el más dispuesto a seguir el juego del Ejecutivo. Desde el mensaje falso anunciando la suspensión de los comicios a los hornos de microondas entregados a domicilio —ambas medidas, ¡ojo!, con conocimiento del padrón del partido— todo fue una sucesión de triquiñuelas sucias.

Pasado el berrinche, obviamente vino la negociación. Cordero pretende hacer valer “su” 43% para traducirlo en posiciones de poder en el Consejo Nacional y nominaciones para sus seguidores a la hora de designar candidatos a las elecciones que ya comienzan a estar a la vuelta de la esquina. La llamada operación cicatriz no ha funcionado como en los tiempos del viejo PRI, que fue el que inventó ese proceso de reprocesamiento de las unidades fragmentadas. El carácter de los dos protagonistas de esta guerra no precisamente florida, permite adivinar que las zancadillas a todos los proyectos en el Legislativo por parte de la pandilla de enfrente. Así lo han demostrado Madero y Cordero, quienes no se hablan desde que Cordero fue defenestrado de la coordinación partidaria en el Senado, es decir, fue privado por Madero del manejo de los dineros que la bancada recibe por una cortesía de todos los mexicanos. Bueno, de los que pagamos impuestos cabalmente.

Lástima que ese estira y afloje de posiciones y prebendas no se haga en público; eran tan graciosos los dislates verbales de los dos dirigentes panistas que se llamaban priistas, en el más puro estilo de la dislexia del señor Maduro, de Venezuela. Ahora, los porros de uno y otro lado que, por cierto, no son pocos, se dedican a negociar entre ellos las cuotas de poder que pretenden haber legitimado con una votación ciertamente raquítica para un partido que se ufana de tener militantes convencidos, puros, limpios, entusiastas y ajenos al acarreo.

El espectáculo de medio tiempo ya ha terminado. Ahora sería conveniente que terminara el partido como lo anunciaba el programa: si se sigue demorando la aprobación de las leyes regulatorias de las reformas constitucionales, el susto que nos va a dar la economía va a ser mayúsculo.

Y si no, solamente tenemos que esperar las estadísticas que el INEGI se verá obligado a dar a conocer en un par de días. Y eso no serán cuernos, molletes, donas o alamares. No hay pan que por mal no venga.

Comparte esta entrada

Comentarios