Yo no he de pagar por las culpas ajenas

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Félix Cortés Camarillo 12/05/2014 02:06
Yo no he de pagar por las culpas ajenas

…pero ya tenías no sé cuántos fracasos,

 y querías borrar con mi amor tu pecado...

Los Temerarios, Ni en defensa propia

 

La foto en primera plana no puede ser más elocuente: Alfredo Castillo, el delegado especial para la paz, el orden y el progreso de Michoacán, entrega solemnemente un R15, arma de las clasificadas como de uso exclusivo del Ejército, al señor Estanislao Beltrán. A partir del 10 de mayo, el desmadrado estado de Michoacán ya cuenta con su propia Policía Rural Estatal, equipada con armas R15 y Beretta nueve milímetros, proporcionadas por el gobierno de México, lo mismo que los uniformes azul marino.

El mensaje no puede ser más claro: el Estado mexicano ha fracasado en una de sus principales obligaciones: garantizar la paz y la seguridad de los ciudadanos que gobierna. Incapaz de poner en orden a individuos que, hartos de extorsiones, secuestros y violencia por parte de los narcotraficantes, decidieron tomar las armas y ejercer de policías irregulares, tomó el más sencillo de los caminos: regularizarlos.

Para los habitantes de Tamaulipas o el Estado de México, la deducción es muy sencilla: hay que hacer gavillas armadas, cerrar caminos, tomar rehenes y presionar al gobierno federal para que les mande un virrey que legalice la ilegalidad, les dé credencial, arma y uniforme para que puedan tener seguridad los demás y ellos mismos.

Lo peor de este monstruoso arreglo es que tiene un antecedente histórico reciente y bien documentado: en Colombia, un gobierno incapaz de ganar una guerra de guerrillas contra las FARC propició que los ganaderos y, en general, gente de poder económico en el país constituyeran fuerzas paramilitares a fin de combatir a los guerrilleros aliados a los narcotraficantes. Muy pronto, los paramilitares pasaron a ejercer las mismas actividades delictivas que los llamados guerrilleros. El gobierno colombiano quedó en el triste papel del perro de hortelano; se quedó sin Juan y sin las gallinas. El fracaso del experimento colombiano debió haber sido tomado en cuenta por el gobierno de México, que se trajo de caro asesor al general Naranjo, que conoce del asunto y que se fue con el mismo sigilo con el que llegó, sin que se conozcan resultados positivos de su actividad en el gobierno mexicano.

Hay otra faceta que no debe soslayarse: los dirigentes de los nuevos policías rurales, que formalmente dependen del secretario de Seguridad Pública del estado que “gobierna” el señor Fausto Vallejo, no tienen precisamente un prestigio impoluto. Tampoco pueden decir que controlan a la totalidad de los 20 mil autoproclamados defensores del derecho y el pueblo. Las facciones se han multiplicado, especialmente en las últimas semanas, con la purga del doctor Mireles que, como si fuera ganador de un Oscar de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos, “se atrevió” a retar al presidente Peña Nieto a un debate sobre la situación michoacana y desconoció la autoridad del delegado Alfredo Castillo.

Por el momento, la nueva policía opera solamente en los municipios de Tepalcatepec y Buenavista. Por el momento. El torrente de elogios que la medida ha de provocar a partir de hoy impulsará el avance, en ese sentido, más allá de esos municipios y del estado de Michoacán.

Cubierta ya su barriguita con el paño que le dio Papá Gobierno, Estanislao Beltrán, alias Papá Pitufo, proclamó: ya somos parte del gobierno.

Se equivoca, señor Beltrán. Son el gobierno. Uniformar y armar gente, echarlos a la calle con licencia para matar, es muy sencillo. Regresarlos a sus casas y quitarles las armas, no.

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