En un bosque de la China

¿Hasta cuándo los mexicanos nos vamos a tragar la idea de que la caridad puede sustituir a la justicia?

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Félix Cortés Camarillo 07/05/2014 02:33
En un bosque de la China

Tenía miedo, miedo tenía, de estar solita...

                En un bosque de la China, ronda infantil

 

La secretaria de Desarrollo Social, doña Rosario Robles Berlanga, se perdió hace una semana en un bosque de la China cuando le falló su inteligencia y su habilidad política, en una visita que hizo a la comunidad de Los Encinos, en Nayarit. A propósito del programa Oportunidades, que brinda apoyo monetario a algunos pobres, recomendó el 30 de abril a las madres indígenas que “se conformaran” con tener tres hijos, y les recordó el viejo eslogan de que la familia pequeña vive mejor. Todo ello a propósito de que la limosna que da Oportunidades —hasta un tope máximo de dos mil 400 pesos— está calculada a partir del supuesto de que las madres tengan tres hijos.

Aun y cuando el eslogan tenga razón, cualquiera que haya visitado nuestro país sabe que tres hijos por matriz no es el promedio; los hijos, entre los pobres, son fuerza de trabajo y apoyo en la vejez. En cuanto más tengas, más tendrás.

La señora Robles ha iniciado el Vía Crucis de los comunicadores, especialmente radiofónicos, explicando que sus declaraciones habían sido sacadas de contexto, acaso tergiversadas, siempre imprecisas y prontas a la mala interpretación. Yo, personalmente, me enteré gracias a Qué Tal Fernanda, un programa radiofónico de 90.5, que debe su rating a los manifestantes que, en el Distrito Federal, bloquean el tránsito vehicular por donde les pega la gana y nos dan la oportunidad de escuchar a Fernanda Familiar y sus talentos.

Pero no ha habido Ciros ni Óscar Marios Betetas que con sus generosos micrófonos puedan ayudar a  borrar la imagen dejada por alguien que en algún momento se pensó era de izquierda. Lo dicho, dicho está. La palabra es cabrona.

Menciono lo del bosque de la China porque, en nuestro tiempo, la más brutal política de apoyo social casada con la demografía es la de la República Popular China. Tiempos hubo —¿los hay?— en que las familias chinas solamente podían tener un hijo. Y si no era varón, ni uno. Fue una manera efectiva de contener la explosión demográfica y, al mismo tiempo, abastecer de mano de obra a la agricultura retrasada y a la industria necesitada de trabajadores que no tuvieran el peligro de las vacaciones por maternidad; presumiblemente, los encondonados chinos y las más educadas chinas de hoy ya no corren el peligro de la febril fertilidad atribuida a los lepóridos, pero frecuente en la mayoría de los roedores. El argumento esgrimido de que el cociente de tres hijos por matriz para calcular el monto de la limosna fue inventada por gobiernos del PAN es ridículo y procaz: si el señor Peña Nieto ordena cuando le place modificar todos los artículos constitucionales que se le antojan, ¿qué le cuesta enmendar esa supuesta falla de Calderón y asociados?

Pero más allá de la anécdota cruel, está la esencia de la política social mexicana. Oportunidades es un programa del tradicional populismo del gobierno mexicano, que antes se llamó Solidaridad y en cada sexenio adopta una piel de cordero generoso, para conseguir la docilidad de los votantes ante el lobo candidato, y un nombre renovado. Lo que debiera ponerse a consideración seria no son las paparruchadas del señor Cuarón; bueno sería plantear la pregunta fundamental de un país en el que la mitad de su población es pobre. ¿Hasta cuándo los mexicanos nos vamos a tragar la idea de que la caridad puede sustituir a la justicia?

Las mujeres de Nayarit, y las de Oaxaca, Veracruz, la Sierra Tarahumara o Chiapas, no tienen “los hijos que Dios les manda” por placer o grato refocilo. Los tienen por hambre, por ignorancia, por injusticia, por insalubridad. En pocas palabras, porque todos los gobiernos que han sufrido en sus cuerpos y en sus almas han fallado en cumplir con su obligación fundamental: el bien de sus gobernados.

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