Di por qué

Algún día sabremos que la abuelita tuvo las respuestas, pero prefirió guardarlas en el ropero.

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Félix Cortés Camarillo 05/05/2014 01:42
Di por qué

“Journalism is to print what somebody else does not want printed.

 Everything else is public relations”.

                George Orwell

 

Nadie ha esperado jamás que los comunicadores de los gobiernos ejerzan algún tipo de periodismo. Lo suyo es, precisamente, las relaciones públicas con los medios de comunicación, la adquisición de buenas disposiciones y mejores juicios, y la compra de simpáticos coqueteos. Todo lo contrario a lo que se espera del periodismo.

El incidente de la semana pasada provocado por las diez preguntas del cineasta Cuarón solamente ha puesto de manifiesto una vez más la ineficiencia del cuerpo de comunicación social del gobierno actual. Naturalmente que las interrogantes del cineasta no estaban legitimadas por el talento de su firmante o la calidad moral de sus anónimos patrocinadores; las preguntas estaban sustentadas por compartir la inquietud colectiva de una inmensa cantidad de mexicanos. Un número que, con los que sufrieron el fin de semana el incremento del precio del gas y el ya acostumbrado gasolinazo, simplemente creció.

Pero si la sencillez arrolladora de las preguntas —¿Cuándo bajarán los combustibles?— tuvo el subrayado de una torpe campaña previa que intentaba convencer a la gente de las bondades de la Reforma Energética. “Infórmate, Paquito”, instruía docto el personaje disfrazado con uniforme de Pemex a su amigo-primo que se resistía a tragarse las mentiras del tamaño de piedras de molino. Con la extracción de más gas, la generación de energía eléctrica reducirá sus costos y el recibo de luz te llegará más barato.

De manera semejante, los señores y señoras legisladores se habían dedicado los primeros meses de este año a bombardearnos con spots televisivos, en tiempos comerciales que no les cuestan un centavo a ellos, con el mensaje pertinaz de que los ciudadanos debíamos estar agradecidos con los legisladores por las obras que en beneficio de la población se hubiesen hecho. Como si no fuera su obligación, generosamente remunerada, aprobar tal o cual ley, dar su voto en pro de la realización de tal o cual proyecto.

No se necesita ser una lumbrera en materia de economía para entender que en un mercado libre, los precios de bienes y servicios se fijan en los límites de la oferta y la demanda.

Y eso cualquiera lo entiende, incluyendo el señor Cuarón. Si los señores comunicadores fuesen capaces de decir que no, que los combustibles no pueden bajar mientras la producción petrolera de México no optimice sus procedimientos de investigación, extracción, procesamiento y distribución al consumo, reduciendo así sus costos de producción, a nadie sorprendería si el secretario de Energía o el director de Pemex sale y le dice en sus narices al señor Alfonso Cuarón que los precios del gas natural que consumen nuestras estufas no se fija en México, que es un precio de mercado que se establece en escritorios petroleros texanos, en donde la opinión del gobierno mexicano y sus gobernados no es requerida ni solicitada  ni bienvenida  ni aceptada. Y que la misma respuesta, o una similar, se puede aplicar a las otras preguntas lógicas del señor Cuarón, flotando en el espacio.

Ante la imposibilidad de entrar en la ingravidez de los personajes de Cuarón en el infinito, los mexicanos continuaremos en la preñez de nuestras dudas. Algún día sabremos que la abuelita tuvo las respuestas, pero prefirió guardarlas en el ropero.

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