Garufa

Quienes por su naturaleza y edad pueden andar correteando faldas indiscretas, saben que están expuestos a una denuncia.

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Félix Cortés Camarillo 02/05/2014 01:15
Garufa

Tu vieja dice que sos un bandido porque supo que te vieron, la otra noche, en el parque japonés.

Garufa, Carlos Gardel

 

Aclaración pertinente número uno: yo no comparto el desprecio automático y a veces merecido de todos los argentinos; dos queridos amigos, Caíto y el che José Luis, de allá de Pátzcuaro. Nacieron allá e hicieron de México su patria. Aclaración pertinente número dos: yo no entiendo un carajo de futbol pero disfruté al Real Madrid goleando al Bayern, cosa que repetirá frente al Atlético de Madrid en Lisboa más adelante. Ahora bien: Ricardo Antonio Lavolpe ha sido despedido como director técnico del equipo Guadalajara a menos de un mes de hacerse cargo de un equipo malo con el que perdió dos partidos y empató uno.

Una colaboradora mía en televisión me preguntó ayer al mediodía mi opinión sobre el despido de Lavolpe, acusado de “conducta inapropiada con una staff femenina del club”, según palabras que cito textuales del dueño del equipo, Jorge Vergara. Luego se supo que la mujer afectada es podiatra del equipo de pateadores. No supe qué decirle. Cualquiera de nosotros puede ser acusado en cualquier momento de “conducta inapropiada”, lo mismo si le decimos a una compañera de trabajo que se ve muy guapa con ese vestido o le agarramos las nalgas con ambas manos y la citamos a un encuentro sexual  a una hora precisa en el Hotel Paraíso, que yo me sé.

Lo más importante de este asunto es que el futbol mexicano, desde hace un decenio al menos, es una pocilga en la que se refocilan marranos de diferente alcurnia. Fechas, horas, canchas y resultados son frecuente objeto de negociación y acuerdo, según dicen los que saben. Lo mismo deben ser famas y prestigios de los protagonistas, como si fueran funcionarios del PRI de la Ciudad de México.  Pero yo no quisiera estar en los zapatos de algún consanguíneo de Lavolpe, quien hasta el momento en que esto escribo niega toda culpa. El daño está hecho.

Quienes por su naturaleza y edad pueden andar correteando faldas indiscretas, saben que están expuestos a una denuncia de insatisfechas. Aquellos que, además, por su oficio son protagonistas frecuentes de los medios de comunicación, tienen muy en cuenta de que serán carne de cañón de las revistas y notas que se dicen “del corazón”. Tal es el caso del argentino Ricardo.

Yo no meto la mano al fuego por la conducta de nadie que no sea yo; es la única que me consta. Creo firmemente en que toda justicia debe fundamentarse en que todos somos inocentes mientras no se demuestre lo contrario. Técnicamente, si Lavolpe hizo lo que diga la señora quejosa que hizo, el código penal mexicano considera estúpidamente el acoso sexual como una falta menor. Lo máximo a que podría ser condenado es a cuatro años de prisión, que pasaría en La Pampa pagando una fianza de los millones de pesos que ganó en este país. Eso es el tema troncal de este asunto: robarse unas piezas de pan por hambre es delito grave, sin derecho a fianza. El acoso sexual, incluyendo la violación, no lo es.

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