La múcura está en el suelo

Cárdenas le contestó hace unos días a Pascal Beltrán del Río la pregunta de si el PRD tiene posibilidades de llegar a la Presidencia en 2018.

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Félix Cortés Camarillo 29/04/2014 02:50
La múcura está en el suelo

Entre los escasos cuerpos celestes del pálido firmamento político de México existía un cometa coloidal llamado Cuauhtémoc Cárdenas, el único y auténtico “cachorro de la Revolución Mexicana”. Entonces, en julio del año pasado, nació la revista supuestamente mensual Referéndum, y ahí reapareció otro cometa, Guillermo Ochoa, haciéndole una entrevista al hijo de Tata Lázaro que ampliamente recomiendo (referendumrevista.com.mx), aunque el site electrónico sea más confuso que la versión de una de mis tías sobre la pérdida de su virginidad.

Fundador del PRD, luego de que hizo un berrinche con el PRI de Jorge de la Vega Domínguez y lo abandonó, Cárdenas le contestó hace unos días a Pascal Beltrán del Río la pregunta de si el PRD tiene posibilidades de llegar a la Presidencia en 2018. Transcribo: “Este PRD no. Si no hay una recomposición, un fortalecimiento del PRD en todos los órdenes, no veo cómo pueda aspirar, ya no digo a llegar a un cargo mayor”.

 La respuesta es tramposa, desde luego. El ingeniero ha estado jugando la ficha obvia de que los restos del partido que fundó sólo pueden reagruparse en torno a su carismática figura, que vi salir del edificio del Gobierno del DF el viernes pasado a mediodía, con una secretaria al lado y ningún seguidor entusiasta en torno, sin condiciones, sin pretensiones, sin exigencias y con la absoluta disciplina que el PRI les enseñó a todos ellos. Sólo una aclamación entusiasta y sincera (je, je) convencería a Cárdenas de regresar al PRD para tratar de recomponerlo.

Causa difícil de emprender, puesto que el inevitable nacimiento del Morena y la migración de muchos de los perredistas desafinados en seguimiento de AMLO dejarán la aventura del ingeniero a una deriva que devendrá en naufragio largamente anunciado, para estar a tono con las notas necrológicas.

Octogenario en estos días, Cuauhtémoc Cárdenas contesta con lucidez y tozudez al mismo tiempo. Sí hubo fraude electoral en 1988; sí, Manuel Bartlett debiera decir lo que sabe y no ha dicho; sí, se frustró la alianza PRD-PAN en mal momento. Pero por el lado de la lucidez, queda perfectamente claro que la destrucción del IFE para iniciar un armado subrepticio del INE es un retroceso claro, que la centralización de los procesos electorales es, por lo menos, un fenómeno impráctico y difícil de realizar.

Fundamentalmente, que eso que llamamos izquierda mexicana se encuentra en un momento de crisis, esto es de cruce de caminos, de encrucijada en donde cualquier vacilación en torno al camino a tomar va a transformarle en un compañero de ruta, como lo fue durante toda su historia, cómodo y acomodaticio, sin capacidad de ser lo que este país necesita, un actor fundamental de una corriente de pensamiento progresista y vital, involucrada con las causas más nobles de la justicia. Si no es capaz de esa regeneración, adivina con razón Cuauhtémoc Cárdenas, en el año 2015 va a recibir una señal muy preocupante.

Es obvio que a los 80 años, con toda su lucidez y tozudez, Cuauhtémoc Cárdenas no puede ser ya protagonista del fenómeno político inquietante de los próximos cinco años. Pero también es indiscutible que él, o a quienes él representa, deben jugar un papel muy importante en un renacimiento de eso que llamamos izquierda.

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