Ridi pagliaccio

A don Javier Lozano, priista antiguo, y por cierto melómano, debe reconocérsele su capacidad de convocar opiniones coincidentes.

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Félix Cortés Camarillo 25/04/2014 01:12
Ridi pagliaccio

Tu se’ Pagliaccio Vesti la giubba, e la faccia infarina.

La gente paga e rider vuole qua.

Ruggiero Leoncavallo, Vesti la Giubba, Pagliacci, 1892

 

La formal propuesta de aumentar en España los emolumentos a los políticos para reducir el manifiesto índice de corrupción en ese oficio, viene solamente a confirmar lo que en estas tierras sabíamos de tiempo ha. Dentro de la escala de respeto que la sociedad tiene por los hombres del poder, los políticos se encuentran en uno de los últimos escalones, acaso solamente por encima de los policías y los ladrones, si es que hay diferencia alguna. La porqueriza en que se ha convertido la discusión política de los protagonistas del momento, hace que el payaso Canio de la ópera de Leoncavallo resulte un personaje entrañable y respetable: después de todo, su único pecado es ser cornudo, porque Arlecchino a involato a Colombina y Canio tiene que seguir con la función.

Aquí la cosa es distinta y está que arde. A don Javier Lozano, priista antiguo, y por cierto melómano, debe reconocérsele su capacidad de convocar opiniones coincidentes. En estos días le han llamado gato con cuya mano el Ejecutivo trata de sacar del fuego las castañas de la internet cautiva en las manos de la Secretaría de Gobernación en las leyes de telecomunicaciones; también le han dicho porro, pero en eso ya don Javier tiene callo. Porro golpeador de la política siempre ha sido, desde que lo recuerdo; no olvidamos su paso por la Secretaría del Trabajo. Le dijeron prepotente y autoritario, eso sí, con amplios merecimientos, y tantos epítetos más, la mayoría provenientes de las filas del mismo partido que le llevó a donde está ahora, y el que debe llevar a su congénere Ernesto Cordero al infinito de la presidencia nacional del PAN y más allá, como dice Buzz.

Lo de antes no cuenta. Cuando sirvió como destacado joven del PRI a Carlos Salinas, Ruiz Sacristán, Diódoro Carrasco o Ernesto Zedillo. Eso son petacas minutas. De ese periodo pueden llamarle lo que quieran, porque ciertamente cumplió su papel de golpeador político de primera fila.

Pero lo que realmente calienta es que en la chismosa de vecindad que es la cuenta de Twitter, don Luis Alberto Villarreal, quien es líder de los diputados federales del PAN, hasta hoy partido de Lozano, haya puesto lo siguiente: “Por instrucciones de @ErnestoCordero su personero la chivaloca @JLozanoA promueve iniciativa Telecom #PRI”. Yo no sé si llamar a alguien chivaloca sea realmente tan ofensivo; a mi los cabríos me parecen tiernos y en cierta forma bellos. El problema es que, en la tradición grecorromana, los caprinos tienen ciertas connotaciones de sexualidad intensa que hasta nuestro tiempo se mantienen y conducen a dobles y triples sentidos. Yo desconozco la intención del diputado Villarreal al llamar así a su compañero de partido. Hasta donde veo, hoy Javier Lozano cumple eficientemente con su papel de presidente de la Comisión de Comunicaciones y Transportes de la Cámara de Senadores.

Estoy obligado a deslindarme de los ataques soeces: dícese que el actuar de Javier Lozano de hoy favorece a Televisa porque alguna persona de su inmediata cercanía en el ayer trabaja para una de las ramas de la importante empresa. Yo no soy responsable de lo que haga cualquiera de mis exes, y no creo que nadie deba serlo de lo que hagan las suyas. La injuria nunca ha sido elegante; si acude a este tipo de municiones, es doblemente rastrera. Por lo pronto, el show debe continuar. Y continuará.

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