Jesús es mi pastor

Los fenómenos naturales suelen poner al descubierto todo tipo de flaquezas humanas. El mejor ejemplo son los sismos en 1985.

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Félix Cortés Camarillo 18/04/2014 00:14
Jesús es mi pastor

La historia sacra, particularmente la relacionada con los cuatro evangelios que narran el nacimiento de Jesús, su muestra de sabiduría ante los doctores, y se avientan un salto hasta su edad adulta cuando lo bautiza Juan y le sigue en los días de su Pasión, suelen auxiliarse de tradiciones orales para suplir lagunas fácticas. De esta manera se tiene por un hecho que hacia las tres de la tarde del viernes, que se asume es el momento en que expira el Nazareno, los cielos ennegrecieron y cayó una tormenta digna de Tláloc.

Sea lo que sea, los fenómenos naturales suelen poner al descubierto todo tipo de flaquezas humanas. Sin duda el mejor ejemplo son los sismos en la Ciudad de México en 1985: curiosamente sucumbieron edificaciones de dudosa factura, en los que los requerimientos de la ingeniería fueron sustituidos por los ardides de la corrupción. Esta semana, una pinche tormenta con granizo leve —diez centímetros— paralizó una de las vías de flujo carretero más importante de la capital del país. La supercarretera de México a Toluca estuvo totalmente cerrada por más de seis horas, para beneplácito de todos los viajantes, particularmente los que iniciaban sus días de asueto. Chicago o Estocolmo se reirían de esa tormenta. Por lo demás, aquí se cayeron techos de mercados, anuncios espectaculares y algunos árboles, pero en esta ciudad esto es de todos los días.

Ya las enaguas de la corrupción magna habían sido puestas en evidencia, entre muchos otros ejemplos, en la megabiblioteca Vasconcelos, allá por Buenavista, emblemática de las preocupaciones ególatras de Vicente Fox y Sari Bermúdez, su inculta directora de Conaculta. Los 100 millones de dólares iniciales se acabaron pronto y el gobierno panista echó mano de lo que pudo —incluyendo del otro fraude, la Enciclomedia— para inaugurar a toda prisa en mayo de 2007 una obra mal hecha que tuvo que ser cerrada diez meses después por las filtraciones abundantes de agua. Alrededor de 40 deficiencias estructurales fueron descubiertas, y una docena de investigaciones de funcionarios públicos desaparecieron entre las artes del Fu Manchú, que debe ser el contralor general de este país.

No canta mal las rancheras la Cineteca Nacional. Recién remodelada, tuvo que ceder sus techos a las goteras que la lluvia del jueves cayó en el valle; las salas siguen cerradas. Será la tradición: la anterior Cineteca fue destruida por el fuego que nunca nadie pudo ni investigar ni aclarar, mucho menos encontrar responsables.

Escribía yo arriba que los evangelios, y toda la Biblia, suplen las imprecisiones de sus textos —que fueron de lenguas muertas como el arameo antiguo y el sánscrito al griego y de ahí al castellano— con leyendas urbanas. No hay descripción precisa de la manera en que Judas pagó, por voluntad propia o ajena, su traición. Se dice que murió colgado: la iconografía le pone con los largos cabellos atorados en un árbol cuando aparentemente huía a caballo.

De manera similar, el pueblo mexicano suele sustituir la ausencia de justicia formal en México con ceremonias simbólicas. Mañana, cuando se celebra el Sábado de Gloria, en lo que quede de los viejos barrios capitalinos y de todas las ciudades del país, vamos a quemar muñecos de cartón que personifican a Judas Iscariote.

Venganza diminuta de la sociedad, los muñecos que serán quemados tendrán nombres de personas que conocemos de los espacios noticiosos de la radio y la televisión y de las páginas de los diarios. A veces de la primera plana, otras de la nota roja. Y la lista de posibles Judas a ser quemadas es bastante larga. De todas formas resucitarán al día siguiente, el domingo, y todo seguirá igual, aunque Jesús siga siendo nuestro pastor y sepamos que nada nos faltará.

 

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