¡Hosanna!

Se trata de unos monólogos monotemáticos, hablados con la sencillez de los adolescentes y que abordan los temas que a ellos les importan.

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Félix Cortés Camarillo 14/04/2014 00:45
¡Hosanna!

El sábado, mi hija menor me pidió que la llevara sin falta al Zócalo el domingo, porque ella no se podía perder la presentación de Germán. Cuando no pudo entender que yo no supiera quién es Germán, que ahora sé que es Garmendia Aranis, y que no iba a cantar en nuestra plaza mayor, para poder ubicar su escenario, entendí que algo andaba mal en nuestra comunicación.

No en la comunicación de mi adolescente con el comediante chileno; mi hija es una de los más de 15 millones de seres humanos que, con regularidad casi semanaria, miran los nuevos videos, de unos seis minutos, en promedio, que Germán “sube” a YouTube. Se trata de unos monólogos monotemáticos, hablados con la sencillez de los adolescentes y que abordan los temas que a ellos les importan, de los profesores a las adicciones. Una especie de Jerry Seinfeld para jóvenes hispanoparlantes. Como Adal Ramones, pero inteligente y bien actuado.

Mi pesquisa me llevó a la Aldea Digital, un evento conjunto del Gobierno del Distrito Federal y las compañías de telecomunicaciones del ingeniero Carlos Slim. Ayer al mediodía, estaba anunciada la presentación del tal Germán, que Renata no se podía perder, como no se lo podían perder los miles de adolescentes que me encontré en el centro de la capital, acompañados de sus padres, como si hubieran sido convocados por el nazareno que un domingo caluroso, como el de ayer, entró a Jerusalén pisando una alfombra de hojas de palma que sus seguidores le colocaban, entonando el cántico Hosanna.

Ignoro, cuando esto escribo, si la presentación tuvo lugar. Durante 40 minutos, intentamos acercarnos a la entrada de una enorme carpa que decía “Aldea Digital. Bienvenidos”. El enorme desorden de decenas de miles de padres, madres y adolescentes que nos arremolinábamos en filas que nadie respetaba y pronto se rompían, entre rumores de que ya no dejan entrar o de que la presentación de Germán se había suspendido, o que  no estaría en esa carpa, sino en la vecina, igual de enorme, me asustaron. Preferí convencer a mi hija de que tendría que ver a Germán en la computadora en sus próximos videos, porque la opciones serían, en el peor de los casos, que nos apachurraran; en el mejor, que lográsemos entrar a las últimas filas y ver desde lejos al actor. Cualquier otro suceso intermedio era previsible ante el caos, desorden, imprevisión y falta de autoridades  competentes para prevenir y evitar percances que, entiendo, no pasaron a graves; diez personas fueron atendidas por lesiones leves, afirman.

No me sorprende en lo absoluto el desorden en la plaza; el manejo de masas en eventos —especialmente si son gratuitos— no es el fuerte del gobierno capitalino. Entiendo la gran concurrencia que provocó la posibilidad de acceder, aunque solamente sea posible durante los días de la Aldea Digital, a la óptima velocidad de conexión para internet, velocidad a la que los mortales de este país no tenemos acceso todavía.

Lo que debería llamar nuestra atención es la capacidad de convocatoria que el tal Germán tiene entre nuestros jóvenes de ambos sexos, como si fuera una versión del Mesías. Germán ha logrado lo que los medios tradicionales de comunicación y entretenimiento no han conseguido: hablarle a los jóvenes. Los expertos en estas materias debieran estudiar este fenómeno. A ver si podemos irlo a ver uno de estos días.

Pilón.- Me pregunto si este miércoles, suponiendo que Jesús y sus apóstoles anduvieran entre nosotros, si en la última cena se aplicaría la ley seca o se permitiría beber el vino por copeo.

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