Ella quiso quedarse

El estigma cultural de que la mujer está para parir y el hombre para proveer no ha sido del todo abolido.

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Félix Cortés Camarillo 10/04/2014 01:49
Ella quiso quedarse

Todo mundo entiende que la decidida actitud del presidente Obama en defensa de los derechos salariales de las mujeres de su país obedece al ambiente electoral de sus últimas elecciones intermedias; sin embargo, pocos estaban al tanto de que las mujeres ganan, por exactamente el mismo trabajo, y con frecuencia en la misma empresa, 75% de lo que ganan los varones.

Eso sorprende inclusive a los que están conscientes de que la Segunda Guerra Mundial empujó a las mujeres a llenar los sitios que en la línea industrial de producción sus maridos y padres habían dejado para ir al frente de batalla. Sin esa integración de las hembras al proceso productivo, algo que se repitió de manera espejo en la Alemania nazi, los Aliados no hubieran tenido balas para ganar la contienda. Este pequeño momento de la evolución económica de nuestros primos parió, entre otras cosas, la liberación femenina, y en forma muy definitiva la revolución sexual. Pero todo lo liberadas en lo político y liberales en la entrepierna, las mujeres gringas ganan menos que sus hombres. Los estudios recientes en torno a la actitud presidencial muestran sorpresivamente la sumisión que las mujeres estadunidenses asumen ante una realidad que consideran inevitable, lógica, en postura paradójica.

El fenómeno no es exclusivo del país más rico y la mayor potencia militar del planeta, pero es emblemático. El estigma cultural de que la mujer está para parir y el hombre para proveer no ha sido del todo abolido. China basó su política demográfica durante decenios en el concepto de que parir una hija era parir un estorbo, mientras que los hijos eran fuerza de trabajo útil, que además no sufre trastornos mensuales ni se puede separar de los procesos productivos por embarazo y parto. Se nos olvida que los varones somos, desde hace rato, minoría.

No es distinto el trato laboral que se le da a las mujeres en México. El incremento de la pobreza y la mal entendida libertad sexual ha producido centenares de miles de madres “solteras”, que son el único sustento de su familia o madres casadas que tienen que ayudar al marido a pagar los incrementos en los precios. Creemos, pero solamente creemos, que con la catástrofe de 1985 en que miles de costureras explotadas perdieron la vida sin que siquiera se supiera de su muerte por no haber un registro legal y leal de su vida, se había acabado con esa medieval práctica. El maltrato de género en nuestro país no solamente llegó a los extremos del exdirigente del PRI en el Distrito Federal; el acoso sexual es frecuente y la paga igual a trabajo igual es un bonito enunciado.

Como corresponde a las prácticas políticas de los mexicanos. En una espectacular medida, el presidente Peña Nieto le ordenó a su partido que, por ley, la mitad de todos los candidatos a todos los puestos de elección popular sean ocupados por mujeres. Ahora resulta que no encuentran suficientes hembras con las capacidades suficientes para legislar, gobernar o hacer justicia, porque el sistema no estaba —ni lo está— para que la equidad de género se fomente desde los procesos educativos, cívicos y culturales. Pero es una medida vistosa. Me imagino si ahora tendremos que seleccionar un ser andrógino para la próxima Presidencia, a fin de cumplir a pie juntillas la equidad de género: que sea mitad hombre y mitad mujer. La otra opción ya la vivimos en la práctica con Vicente Fox y su señora esposa, pero no recomiendo ni la primera opción ni, menos, la de doña Martita.

El otro asunto no admite discusión. Las mujeres, ya se sabe, tienen un umbral del dolor más alto que nosotros: por eso se encargan de aguantar los dolores del parto. En la fábrica, en el trabajo duro, han demostrado tener las mismas aptitudes que los hombres. A veces algunas son mejores y a veces ellos las superan. Pero lo cierto es que, a trabajo igual, hombres y mujeres deben ganar más. Bueno, por lo pronto, igual.

Aquí y en China. Bueno, en Estados Unidos.

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