Señora tentación

Cada sexenio, el Presidente que llega, pero de manera especial su corte, tiene la tentación de controlar el contenido informativo.

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Félix Cortés Camarillo 27/03/2014 00:52
Señora tentación

Ha sido suficiente y enfáticamente subrayado, que, junto con la reforma a las leyes en materia energética, la referida a las telecomunicaciones es la más importante del enorme paquete que atropellada e irresponsablemente ha apresurado a “sacar” este gobierno, integrado por un robusto Poder Ejecutivo y un sometido y dócil Poder Legislativo. Ambas entidades se lanzaron por el tobogán de una prisa por legislar en tan importantes materias, que obliga a quienes nos dedicamos a observar el fenómeno social a tratar de entenderlo y a emitir una opinión que intentamos sea comedida, prudente e informada, al mismo apresuramiento y ligereza que han usado en los últimos meses los señores diputados y senadores de este país.

Es comprensible la molestia que la Reforma en Telecomunicaciones ha provocado en Televisa y Telmex, los dos principales objetivos de la ofensiva de esta ley. Para empezar, es una ley injusta que, con el pretexto de propiciar la competencia, obliga a que los actores preponderantes en el campo de la telefonía y la radiodifusión televisiva pongan a disposición de los nuevos jugadores la infraestructura que han construido en periodos largos y con inversiones onerosas. En otras palabras, si yo entro al campo de la televisión como nuevo actor, tengo derecho a usar las antenas, los cables, las redes y otros fierros que los Azcárraga tuvieron que subir a los cerros y colocar en las selvas de todo el país a un costo elevado; el mismo principio se aplicaría a las redes telefónicas.

Se pretende propiciar la competencia, dicen. Simultáneamente se limita el derecho —incluso en términos retroactivos— a contratar, en un mercado capitalista libre, derechos exclusivos de transmisión de los eventos más jugosos para la competencia. Esto es, los eventos deportivos, principalmente. La medida precisamente impide que en la competencia el consumidor tenga opción de mejores contenidos que han sido adquiridos a mayor precio precisamente por ser exclusivos.

Pero, siendo importante, el efecto económico de esta intentona autoritaria y voraz pone una cortina de humo que no deja ver otra amenaza más grave. El control de los contenidos por parte del gobierno.

La Presidencia de la República pretendería crear un organismo dependiente de la Secretaría de Gobernación y llamado Sistema de Radiodifusión de México que garantice “contenidos que promuevan la integración nacional, la formación educativa, cultural y cívica, la igualdad entre hombres y mujeres y —ojo— la difusión de información imparcial, objetiva, oportuna y veraz”.

Señor tentación, ya estás aquí de nuevo.

Cada sexenio, el Presidente que llega, pero de manera especial su corte, tiene la tentación de controlar el contenido informativo de las emisiones de radio y televisión. Para ello se ha acudido permanentemente a diferentes artificios casi siempre al través de la Secretaría de Gobernación por el camino de la represión de las multas o las amenazas de cancelar las concesiones, o por medio de los diferentes jefes de prensa que usaron la seducción o la corrupción para modificar “ay como cosa tuya” la redacción de las informaciones. Siempre se esgrime la defensa de los consumidores finales de los mensajes, el público radioescucha o televidente, partiendo del supuesto de que los que oímos radio o vemos televisión somos párvulos que necesitamos la protección de un censor que no nos deje ver las cosas como son, sino como el gobierno en turno quiere que las veamos.

Ese es el principal peligro de las leyes regulatorias de la Reforma en Telecomunicaciones, además de la repercusión tremenda que las restricciones al crecimiento de las empresas ya establecidas tendrán en el desarrollo económico de este campo.

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