Ojalá que te vaya bonito

En estos tiempos de globalización resulta incomprensible que florezcan movimientos separatistas en cualquier parte del mundo.

COMPARTIR 
Félix Cortés Camarillo 20/03/2014 01:50
Ojalá que te vaya bonito

En un simulacro de plebiscito, la mayoría rusa de la península de Crimea decidió abandonar su pertenencia a Ucrania, que le regaló Kruschev, y anexarse motu proprio a la Federación Rusa. Los trámites protocolarios están en proceso y de nada sirven los falsos alegatos del señor vicepresidente de Estados Unidos Biden en Polonia, ni las reticencias de la señora Merkel en Berlín: la anexión de Crimea a la gran Rusia es un hecho consumado, y en su cocción el gas ruso que abastece la industria de Alemania ha sido un factor muy importante.

No es el caso, pero en estos tiempos de globalización resulta incomprensible que florezcan movimientos separatistas en cualquier parte del mundo.

En el pasado se entendía: entre 1841 y 1848, la República de Yucatán fue una entidad geopolítica de entrada por salida; su bandera —que poco duró en los mástiles peninsulares— llevaba en los dos tercios derechos tres bandas horizontales, dos blancas y una roja. En el tercio izquierdo sobre el fondo verde, cinco estrellas blancas representaban las cinco provincias: Mérida, Valladolid, Tekach, Izamal y Campeche. Finalmente Yucatán se integró a la Federación mexicana. El estado de Texas, si bien es un asentamiento nuestro antiguo, decidió independizarse de México con facilidad en 1836; en 1844 se integró a la Unión Americana.

En ambos casos la intención independentista se entiende. El México centralizado y omnímodo ni idea  tenía de que existiese un Yucatán con necesidades y problemas, o unas Tejas —por los techos de sus casas— que tuvieran que sentirse mexicanas por quién sabe qué motivo.

En pleno siglo XXI, Cataluña quiere la independencia de España. Sus habitantes van a ir a un plebiscito que pocas posibilidades tiene de apoyar el separatismo, al menos en la forma aplastante en que los rusos de Crimea le han garantizado a Vladimir Putin el usufructo de la base de Sevastopol con sus 25 mil soldados ya instalados ahí. A diferencia de Crimea ahora y Texas hace 170 años, en los afanes independentistas catalanes no hay un patrocinador de grandes ligas. Estados Unidos en Texas, la renaciente Rusia imperial en Crimea.

Tampoco hay un patrocinador interesado en el otro peculiar caso de separatismo en Europa: Veneto, la región que alberga la Venecia de todos nuestros amores, está yendo también a una votación para separarse de Italia, a la que acusa de estarle chupando la sangre, esto es, los ingresos que dejan los visitantes a una de las principales capitales del Renacimiento, por la vía de los impuestos.

La llamada Guerra Civil de Estados Unidos se dio por la reticencia de los estados sureños a confederarse con los yanquis. Naturalmente triunfó la lógica económica del capitalismo naciente y el gran imperio estadunidense se forjó. De manera similar, la República de Yucatán tuvo que someterse al centro ajeno y distante: las leyes de la economía lo dictaban. Los ucranianos perdieron ante el poder del gas ruso y van a entregar Crimea a Putin. Cataluña seguirá unida a España porque no tiene la capacidad, pese a su economía menos desvencijada que la de la Madre Patria, para afiliarse a la Comunidad Europea por sí sola y como si nada. Es muy difícil que los venecianos y paduanos puedan sacar sus dos provincias del mapa geopolítico de Italia. Pero con los italianos nunca se sabe.

Pienso que, al igual que los cónyuges, las comunidades que se quieren ir deben tener el camino planchado para que partan. Allá ellos. La lógica moderna habla en pro de grandes estados plurinacionales y en contra de los nacionalismos de corral. Pero cada provincia es un mundo, qué diría mi abuela.

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red