El corrido del petróleo

El energético no es nuestro. Pertenece, sí, a la alta burocracia que dispone de los ingresos que genera el chapopote.

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Félix Cortés Camarillo 18/03/2014 00:43
El corrido del petróleo

...y los veneros del petróleo el diablo.

R. López Velarde, Suave Patria

 

Dos frases lapidarias contienen la tragedia energética de los mexicanos.

La primera es una falacia, repetida hoy desde hace 76 años: el petróleo es nuestro. No hay mayor falsedad en nuestra sociedad. El petróleo no es nuestro. Pertenece, sí, a la alta burocracia que dispone de los ingresos que genera el chapopote, una alta burocracia que incluye desde al Presidente de la República hasta el líder del sindicato de los trabajadores petroleros, cómplice inevitable para que el usufructo de los beneficios del energético pudiera ser canalizado en beneficio de unos cuantos y de sus más cercanos allegados.

La otra frase es una dolorosa verdad: exportamos crudo e importamos 50% de la gasolina que usamos. El destino manifiesto de nuestro país ha sido, desde 1938, el de aportar materias primas baratas, surgidas de nuestros recursos naturales, y mano de obra regalada, para luego comprar productos terminados. Pemex ha sido, desde que yo tengo memoria, el mejor ejemplo de esa inequitativa regla: surtidor de crudo para ser luego comprador de fertilizantes, telas sintéticas, plásticos elementales. Aporte de trabajadores baratos, que luego deviene en maquiladoras de productos de marcas exóticas que en algún rincón de su anatomía esconden el vergonzante origen: Assembled in Mexico.

De esta suerte, resulta muy fácil entender a los petulantes secretarios de Estado que presumen que, a nivel mundial, México es líder en la exportación de automóviles. Los Hondas, Toyotas, Mitsubishis y otros pares que por el mundo ruedan, fueron armados efectivamente en plantas ubicadas en territorio nacional, por manos de mexicanos. El 90% de sus partes llegó de otros países. Además del sudor y el trabajo, la única aportación mexicana al producto final son aditamentos menores, generalmente ornamentales.

Pero estábamos en el petróleo, que, como la Victoria —eso es una cerveza en un comercial— también es nuestra. Estamos en el periodo de los deslindes.

En un homenaje al cinismo, René Bejarano se refirió, sí, a la lana que recibió hace más de un decenio para apoyar a López Obrador; fue grabado en un video y exhibido en televisión a nivel nacional. Hasta el día de ayer nadie sabe dónde acabó el soborno —¿préstamo?— del señor Ahumada, empresario argentino. Fuera de eso, Bejarano declaraba antier que las ligas con las que tuvo que atar los billetes de la dádiva no son nada, comparadas con los ligueros con los que se tienen que sujetar los millones birlados por Oceanografía. Vaya, vaya.

Pero hay escuela en esto del cinismo. Don Javier Lozano, en el afán de desafanar de responsabilidades a su hoy partido y a su hoy jefe —el PAN desde hace siete años, y Felipe Calderón desde endenantes, respectivamente— tiene la cachaza de preguntar: “¿Por qué no piden explicaciones sobre Oceanografía? Porque el fraude se cometió en 2013, en esta administración”, asegura el diario Reforma que le aseguró Lozano. Nada más lejano de la intención de este cantor que exculpar al Pemex de Peña Nieto en las trapacerías oceanográficas. Pero que no se le olvide al senador Lozano que Oceanografía estaba quebrada al inicio del foxiato, era próspera contratista ya en el sexenio de Calderón y, hasta el año pasado, era una empresa im-por-tan-tí-si-ma de este país, proveedora, ¿de quién va a ser? De Pemex.

Que no se nos olviden, hoy, 18 de marzo, las dos frases que contienen la tragedia energética de los mexicanos, sin contener la risa por la primera ni la vergüenza por la segunda: el petróleo es nuestro. Exportamos crudo e importamos la mitad de la gasolina que usamos.

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