Hay muertos que no hacen ruido, llorona

El principal proveedor de servicios navieros de la petrolera del Estado mexicano tiene sus barcos varados, confiscados o desaparecidos, y a sus 13 mil empleados rabiando por sus sueldos.

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Félix Cortés Camarillo 12/03/2014 02:08
Hay muertos que no hacen ruido, llorona

Los muertos que vos matáis gozan de cabal salud

Don Juan en Juan Ruiz, Corneille, Zorrilla

 

Yo no sé si eso que llaman muerte política exista, pero al descubrir Joel Ortega ayer el respiradero —alcantarilla no, no tiene tamaños— de la cloaca de la línea 12 del Metro, por algo llamada la Línea Dorada, me llegó cierto tufillo de velorio. No hay que olvidar que la ostentosa obra de escaso valor vial fue emblemática del ejercicio al frente de la capital de la República, de Marcelo Ebrard. La inauguró el presidente Felipe Calderón hace menos de dos años y a partir de esta mañana estará cerrada por seis meses al menos, mientras se corrigen errores estructurales en su diseño y realización. ¿Y la Cheyenne, apá?

Claro que ya nos dieron muestras palpables de que en México hay muertos sin sepultura, que, diría Sartre, hay muertos que no hacen ruido, que canta la llorona, y hay almas que penando andan. También hay aquellos ambiciosos, como El Chayo Nazario Moreno, a los que una muerte se les hace poco.

Pero, aunque usted no lo crea, hay cosas peores que la muerte.

Si alguien dice hoy, en su presencia, que los escándalos ligados a Oceanografía “no han afectado las operaciones cotidianas de Pemex”, usted seguramente pensará que es un ingenuo. El principal proveedor de servicios navieros de la petrolera del Estado mexicano tiene sus barcos varados, confiscados o desaparecidos, y a sus 13 mil empleados rabiando por sus sueldos no pagados y bloqueando el puerto campechano y eso no afecta a la operación de Pemex. ¡Ah, bueno!

Si quien lo dice lo hace ante legisladores, e insiste además en que el escándalo Oceanografía es un “caso aislado” y él es el director general de Petróleos Mexicanos, Emilio Lozoya Austin, usted tiene que inferir que es un bobo. Entre los 112 millones de mexicanos que poblamos este país no hay uno solo —incluyendo a los niños de pecho— que no sepa, al menos genéticamente, que Pemex es una cueva de ladrones y corruptos, coludidos e intercomunicados.

Si por añadidura Pemex comunica por escrito a la Cámara de Diputados que “toda información relacionada con este asunto debe ser tratada y clasificada como reservada y confidencial, por lo que en ese sentido la misma debe ser manejada por las partes involucradas con el sigilo y secrecía (gulp, palabra inexistente) que la ley prevé”, entonces no tendremos más remedio que pensar que el señor Lozoya Austin está rodeado de idiotas que pretenden encubrir a los muchos atemorizados cómplices que dentro de Pemex la empresa Oceanografía tiene sin duda alguna.

La noche en que se dio la comparecencia de Lozoya Austin y Murillo Karam en San Lázaro, Rafael Cardona, en el programa de radio de Pepe Cárdenas, atribuía el faux pas de Lozoya Austin a una falta de comunicación eficiente.

Sí, entre el cerebro y la lengua.

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