Cleto el Fufuy sus ojitos cerró

Los tres partidos principales del país han atravesado por diversas etapas de indisciplinas y traiciones.

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Félix Cortés Camarillo 04/03/2014 02:25
Cleto el Fufuy sus ojitos cerró

                De un coraje se murió, qué poco aguante

                Chava Flores, Cerró sus ojitos Cleto

 

Plutarco Elías Calles fue el primer político mexicano con visos de estadista. En 1928 se dio cuenta que los gavilleros que habían canalizado el descontento que los hacendados y sus métodos feudales de explotación no podían seguir encabezando la “revolución” sangrienta que dio bases al país en que ahora vivimos sin un cierto orden y disciplina. No sé si lo sabía, pero
Calles estaba dando surgimiento a las instituciones al convocar a “los partidos, agrupaciones y organizaciones políticas de la República, de credo y tendencia revolucionaria, para unirse y formar el Partido Nacional Revolucionario”. Era diciembre de 1928. Al año siguiente se fundó esta coalición de pandillas variopintas que luego Lázaro Cárdenas rebautizaría como Partido de la Revolución Mexicana y que en 1946 tomaría el nombre de Partido Revolucionario Institucional.

Hoy martes y en el mismo sitio que le vio nacer el PRI celebra, con la previsible presencia del presidente Enrique Peña Nieto, los 85 años de su fundación.

Debe anotarse que la celebración del octogenario instituto se da en una atmósfera enrarecida de la vida política de México. Si bien es cierto que los tres partidos principales del país han atravesado por diversas etapas de indisciplinas y traiciones, de zancadillas y desdenes que solamente justifican el cuento aquel de que los mexicanos parecemos un puñado de cangrejos en una cubeta sin tapa: nunca, uno solo de los cangrejos dejará que otro abandone el cautiverio. Invariablemente le jalarán de regreso al fondo.

Probablemente el PRI sea el que mejor oculte la diversidad de grupúsculos que le integran y los encontrados intereses que animan y apoyan a esos sectores. Gobernadores, caudillos, cabezas de organismos sindicales esconden sus posiciones encontradas en una supuesta unidad —la disciplina de partido del camarada Stalin— que no deja ver más allá de los discursos y los sonoros golpeteos en la espalda durante los abrazos de las convenciones.

Las disputas dentro de la llamada izquierda mexicana suelen ser más sinceras. Seremos pocos, pero sectarios, decían los viejos izquierdosos. De esa manera han renunciado paulatina, pero inexorablemente a la posibilidad de encabezar las inquietudes sociales del descontento amplio de los mexicanos y llevarlo por el rumbo de la social democracia, que dio origen al movimiento socialista.

Los dirigentes del Partido Acción Nacional, supuesto ariete de las fuerzas derechistas que mantuvieron desde la rebelión cristera hasta el neoliberalismo, conducen a una encarnizada guerra de grupúsculos que no supieron vencer la tentación de traicionar principios y programas por hacerse del poder. Peor aún, por conservarlo son capaces de vender a su madre y traicionar a su hermano: demasiado rápido aprendieron las mañas del aborrecido PRI y perfeccionaron sus prácticas de corrupción e inmoralidad, sin siquiera haber copiado los trucos de tragar sapos y fingir contento. Por eso, como Cleto el Fufuy están en peligro de morir de un coraje.

Los pueden sacar con los tenis pa’delante, y eso sería una lástima.

O tal vez no.

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