Dicen por ahi

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Félix Cortés Camarillo 24/02/2014 04:27
Dicen por ahi

Lorenzo de Anda, regiomontano de mis añejas amistades y ex rector de la UANL, escribió hace muchos años un excelente ensayo sobre la mecánica de la intriga o los operativos del rumor. En esencia, el trabajo establece que el rumor y la intriga solamente pueden progresar en las sociedades mal informadas; esto quiere decir, aquellas en que los medios de comunicación, por corrupción o ineficiencia —que viene a ser una de las formas de la corrupción— se hacen cómplices del principal emisor de información, el gobernante, para ocultar, minimizar o tergiversar los datos que se envían al principal receptor de información, los gobernados.

Los gobernados, que no son ningunos pendejos, echan a andar en automático mecanismos de especulación, y correos de boca a boca —hoy se dice redes sociales— para suplir las deficiencias de información confiable. Todo este vicio circular deviene en un deterioro en la credibilidad de todos los canales de comunicación, incluyendo el propio rumor.

La primera reacción que obtuve ante la publicación por parte del New York Times de la única fotografía disponible el sábado de un Joaquín Archivaldo Guzmán Loera detenido, fue la de “ese no es El Chapo; seguramente se hizo cirugía plástica, pero no es él. Tal vez su hijo, pero no es El Chapo”. Y así por el estilo, hasta no verlo.

Entre el momento en que Atalo Mata Othón dio en Excélsior Televisión a las 10 de la mañana con 14 minutos la primicia de la captura, y el anuncio oficial de Jesús Murillo Karam en la plataforma del aeropuerto internacional de la Ciudad de México, transcurrieron cuatro horas de especulaciones y adivinanzas. El único que salió a dar un mensaje en Twitter fue Enrique Peña Nieto validando la identidad del detenido. El procurador general de la República justificó ese largo retraso aduciendo la necesidad de tener “ciento por ciento” la certeza de que tenían al auténtico, al único, único Chapo, aunque el Presidente —que es su jefe— ya lo había dado por hecho, y fuentes del gobierno de Estados Unidos lo habían anticipado a la agencia Associated Press sin vacilaciones, aunque en condiciones de anonimato.

Los del rumor dicen que el retraso se debió a que los protagonistas de esta historia, Gobernación, Marina, Ejército, Presidencia de la República, no lograban ponerse de acuerdo sobre quién iba a ser el de la voz. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, no apareció en la foto del anuncio aunque estaba en la cercanía, según fotos publicadas.

Cuando los rumores se sueltan, dice De Anda, lo hacen en cascada. El sábado abundaron las explicaciones de “los enterados”: 1.-Obama le exigió a Peña Nieto  en Toluca la captura del Chapo. 2.-Si lo encarcelan en Puente Grande, se les vuelve a pelar. 3.-Si entra a cualquier cárcel mexicana, la compra y la convierte en un hotel de cinco estrellas para él solito y sus sirvientes. 4.-Con la cuesta de enero (y febrero y marzo) la imagen del Presidente está tan deteriorada que requiere un barniz espectacular. 5.-Gordillo, Gastón Azcárraga y El Chapo hacen la tercia indispensable de crucifixiones (funcionario, empresario, delincuente) que cada sexenio necesita. 6.-Lo mejor que pueden hacer es entregárselo a los gringos: allá sí lo van a castigar.

Por encima de todas esas especulaciones, la más favorecida: durante los últimos 15 años, el gobierno mexicano siempre supo dónde estaba El Chapo Guzmán. La decisión política determinó cuándo se le atrapó en Guatemala, cuándo se le metió al penal donde hoy está, cuándo “se fugó” disfrazado de ropa de lavandería, y cuándo se le reaprendió en el malecón de Mazatlán en el momento políticamente conveniente.

El rumor solamente florece cuando la información es ineficaz, escasa, pobre o distorsionada.

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