Que la jota es un baile

Vivir en nuestro país cuesta un tercio más de lo que costaba hace un año. La industria de refrescos y botanas ya lo registró...

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Félix Cortés Camarillo 13/02/2014 01:22
Que la jota es un baile

Estúpido niño, vergüenza me da, la jota es la letra antes de la ka.

                Francisco Gabilondo Soler, Cri-Cri, La jota de la jota.

 

Las reformas estructurales aprobadas a toda prisa el año pasado empiezan ya a cobrar su cuota en la economía de los mexicanos haciendo la cuesta de enero particularmente molesta. Vivir en nuestro país cuesta un tercio más de lo que costaba hace un año. La industria de refrescos y botanas ya lo registró: ahora les va a tocar a sus consumidores, sus trabajadores y a los que en su cadena comercial viven de ella.

Sin embargo, aunque el bolsillo sea el más sensible de los órganos del organismo social, no son las consecuencias económicas las más graves a mediano y largo plazos. El asunto más grave es el educativo. La Reforma Educativa, que el secretario Emilio Chuayffet, adelanta, será una realidad en un mes, fue a todas luces un dispositivo de maniobra política para eliminar a Elba Esther Gordillo y desarmar al agresivo movimiento magisterial que manejaba; de modificar programa educativo, proyecto pedagógico, planes de estudio, filosofía de la educación pública, metodología o sistemas, no hay una palabra. Se trata solamente del manejo de los emolumentos, centralizado para la facilidad de la maniobra.

El más reciente anuncio del secretario de educación camina por el mismo rumbo. La prueba ENLACE, única herramienta para evaluar el rendimiento de educandos y maestros, desaparece y será hasta el año próximo, posiblemente, que se diseñe un nuevo sistema de medición de resultados educativos. Cierto, la prueba era deficiente y el sindicato de Elba Esther la usó como base para determinar promociones y aumentos salariales a los maestros. Esto propició, desde luego, que el deporte nacional de los mexicanos, la corrupción, diera a los alumnos una efectiva, práctica y eficiente clase de deshonestidad: los maestros filtraban preguntas y respuestas a los niños para que su rendimiento se viera mejor.

Pero el desvío de sus objetivos no invalidaba la única medición de rendimientos que la educación de los mexicanos tenía. Pese a sus defectos, la prueba ENLACE dejaba en claro el retraso de las escuelas públicas frente a las escuelas privadas, una de las asignaturas pendientes de nuestro sistema que se encuentra en la esencia de futuras injusticias en el acceso a los mejores trabajos para los hijos de familias modestas que no pueden pagar las colegiaturas de las mejores escuelas.

No hay quien pueda rebatir que la principal inversión que un país debe hacer es en su educación; solamente un pueblo educado puede progresar en economía, salud, seguridad y justicia social. Y si se sigue entendiendo la inversión en educación como la exclusiva construcción de aulas o el número de profesores a ellas asignados, el futuro de nuestro país se ve triste.

No mejorará el panorama si se restaura un mejor sistema de evaluación de conocimientos y métodos de enseñanza. Sin prisas, pero con profundo compromiso con la infancia y juventud mexicanas, el país necesita una reforma fundamental de la educación en México. No basta con descubrir los errores de ortografía en los libros de texto gratuitos; es necesario rediseñar a fondo todo el sistema educativo, incluidos los maestros y sus sindicatos, comenzando por la primera materia del curso indispensable: acabar con la corrupción.

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