Viajera que vas...

La decisión suiza es un mensaje más de advertencia a la debilidad de la comunidad económica europea.

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Félix Cortés Camarillo 12/02/2014 01:33
Viajera que vas...

El mismo día en que Chile, Bolivia, Perú y México decidieron en Cartagena de Indias, Colombia, firmar un convenio eliminando a sus respectivos ciudadanos la necesidad de obtener visado para visitar los otros tres países, Suiza adoptó por una apretada votación de sus ciudadanos (50.4%) restricciones a la entrada y permanencia en su territorio de los ciudadanos de otros países miembros de la Unión Europea. Mientras la intención de los “pacíficos” —por aquello del océano— es provocar incremento al número de los turistas, viajeros que van y vienen, los suizos están preocupados por los que vienen y se quedan. Hoy se puede tomar un auto en Lisboa y manejar hasta Frankfurt del Meno pasando fronteras sin darse cuenta y sin mostrar pasaporte ni visado.

La decisión suiza es un mensaje más de advertencia a la debilidad de la comunidad económica europea. El Reino Unido ha sido, desde el inicio, la oveja negra de este rebaño variopinto. Justamente esa diversidad es el talón de Aquiles de la por otra parte soñada unificación: un solo país, una sola moneda, una sola economía, un solo mercado. El problema desde entonces ha sido cómo empatar realidades tan distantes como la de Alemania y la de Serbia, la de Grecia y la de Gran Bretaña.

Suiza fue de los grandes beneficiarios iniciales de la caída de fronteras y restricciones migratorias. De los casi diez millones de habitantes de Suiza, 23% son inmigrantes. En Alemania son el nueve, en Italia el ocho y en Francia el seis. Es muy fácil de entender si vemos el espectro de los inmigrantes en Suiza: vienen de España, Italia y de lo que fue Yugoslavia. Simplemente van a Suiza a hacer los trabajos que los suizos no quieren hacer, empujados por el desempleo en sus propios países. Como fueron antes a Alemania. Como los mexicanos van a Estados Unidos. Adicionalmente, Suiza tiene que proporcionar a los inmigrantes los magníficos beneficios de seguridad social, esto es, medicina, pensión y seguro de desempleo, que son ley en la Unión Europea. Ahora, Suiza tiene limitaciones a algunas inmigraciones: hasta el 2012 para los de la llamada Europa del Este, hasta el año pasado para el resto de Europa. Hasta 2019 para los rumanos y búlgaros.

Bruselas —esto es epítome para la Unión Europea— tiene en la manga la cláusula guillotina, mientras Suiza tiene tres años para implementar lo que sus votantes decidieron, que es un vago sistema de cuotas para poder inmigrar a Suiza. La cláusula guillotina establece que si un Estado de la Unión Europea limita el libre tránsito y permanencia de los europeos en su territorio, pierde las otras ventajas de libre tránsito y permanencia para sus productos. El mercado del continente entero.

Mencioné Yugoslavia, la Eslavia del sur. El invento de Josip Broz, llamado Tito, era un país utópico que agrupaba a cabronazos entidades cultural, étnica y económicamente diversas, a veces enemigas brutales aunque eslavas, bajo un mando militar en un Estado que tenía por lengua oficial el serbo-croata. Cuando murió el mariscal comenzó la descomposición de Yugoslavia, simplemente porque los estados no se hacen por decreto.

La Unión Europea se hizo por decreto, por conveniencia de los mercaderes, como se hizo el TLC nuestro. De la misma manera ese tratado aportó beneficios a ciertos niveles del consumo y del desarrollo de los mexicanos. También ganancias a los ricos del norte. La medida suiza manda un mensaje claro al resto de Europa, que sigue siendo integrada por los ricos del norte y los jodidos del sur, como cuenta la geopolítica, aquí y en China.

Pilón.- Tienen razón don Fernando Navarro Constantine y amigos que le acompañan, corrigiendo un dato del lunes pasado en mi cancionero: los Juegos Olímpicos de Barcelona se celebraron del quince de julio al nueve de agosto de 1992, y no diez años antes, como se me escabulló por el dedo. Gracias.

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