A sigh is just a sigh

Las cosas fundamentales son que los impuestos subieron para la parte de la población mexicana más castigada.

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Félix Cortés Camarillo 06/02/2014 02:12
A sigh  is just a sigh

The fundamental things apply

as times goes by.

As time goes by, Herman Hupfeld, 1942,
para la película Casablanca

 

Muy, muy, muy bien.

La firma Moody’s Investors Services, que es como un buró de crédito a lo bestia, acaba de elevar la calificación crediticia de México. Éramos categoría Baa1, y a partir de ayer somos A3, por debajo apenas de Chile, que es Aa3, y comparables con Polonia y Malasia. En diciembre del año pasado, para S&P (Standard and Poor’s) éramos BBB. El anuncio fue hecho con regocijo por el presidente Enrique Peña Nieto ayer en Querétaro, al celebrar el aniversario de la Constitución. No le dijeron sus asesores, desde luego, que la calificación bajará si este año la economía mexicana no crece al cuatro por ciento.

El boletín de prensa de la Secretaría de Hacienda y la voz del propio Presidente asumen, con razón, que esta recalificación responde al impacto emocional de las reformas estructurales impulsadas por esta administración, particularmente en materias energética y fiscal, en el entendido de que las pendientes leyes secundarias irán en el mainstream ya negociado.

Es comprensible el forzoso optimismo gubernamental. Los mexicanos, que han resentido la cuesta de enero como nunca, requieren de una lucecita al final del túnel para asirse de un simulacro de esperanza. Pero, como dice la canción que ha popularizado la historia cursi de Rick e Ilse en la ciudad marroquí, un suspiro no es más que un suspiro, aunque un beso siga siendo un beso. La calificación de Moody’s es la expresión de los buenos deseos de los inversionistas extranjeros para que nuestro bastimento de recursos naturales se abra a su exploración y explotación. En la calificación de Lehman Brothers hace diez años, México seguramente estaba mucho mejor que lo que ahora están los dueños de Lehman Brothers. Porque las cosas fundamentales, como dice la canción, prevalecen.

Las cosas fundamentales son que los impuestos subieron para la parte de la población mexicana más castigada. Que se sigue apapachando a la economía informal. En el Metro capitalino se anunciará mañana un programa de estímulos económicos comprando a los vendedores ambulantes del Metro para que dejen de fastidiar las aspiraciones políticas de los administradores del Sistema de Transporte Colectivo. Las cosas fundamentales son que hoy en día ser mexicano —o residente de este país— cuesta 30% más de lo que costaba hace seis meses. Tal es el deterioro de nuestro poder adquisitivo.

The fundamental things apply. A la hora de llenar el tanque de gasolina, pagar la colegiatura de la hija, retirar la ropa de la tintorería o formarse en la fila del súper, la opinión de los grandes señores de Wall Street nos vale gorro. Hace más de cinco siglos que los espejitos dejaron de ser moneda de curso corriente. Los mexicanos hemos aprendido con dolores la lección de que la única auténtica riqueza es la que se gana con el trabajo, y que nadie se hará cargo de nuestro beneplácito si no somos nosotros mismos.

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