En un bote de vela

Una y otra vez el señor Vela les dijo en todos los tonos a los directivos del futbol mexicano que él no se sentía anímica o futbolísticamente apto para integrar la selección nacional que va a la Copa del Mundo de Brasil.

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Félix Cortés Camarillo 05/02/2014 01:26
En un bote de vela

Sabiendo lo mismo de futbol que Vicente Fox, me subo al barco de Carlos Vela.

Compatriotas y compatriotos:

Quiero dejar en claro, sin vergüenza alguna, que, en mi opinión, la actitud del futbolista Carlos Vela me parece congruente, inteligente, y moral y futbolísticamente correcta. Me queda perfectamente claro que en automático entro a formar parte del coro de apátridas que encabeza Vela, quien ha desbancado con ventaja larga a Carlos Salinas de Gortari en el papel del villano favorito de la muchachada y del vejestorio nacional de aficionados al futbol.

Una y otra vez el señor Vela les dijo en todos los tonos a los directivos del futbol mexicano que él no se sentía anímica o futbolísticamente apto para integrar la Selección Nacional que va a la Copa del Mundo de Brasil; que hay muchachos que han hecho méritos en la malhadada campaña de calificación y que merecían un puesto en ese equipo. Finalmente, que no se le daba la gana, y que ya no le busquen ni lo busquen. La jugada les salió redonda a los dueños de la Federación Mexicana de Futbol, si no es que así la planearon.

Los que dicen saber de futbol me comentan que Carlos Vela es mejor jugador que Messi o Ronaldinho; el mejor futbolista que ha tenido México, punto. De ahí a que sea Superman y su sola presencia en la banca o en la cancha garantizará un papel digno de México en Brasil, hay una gran distancia. Pero ante lo dado a conocer este lunes, de lo único que podemos estar seguros es de que, pase lo que pase con los futbolistas mexicanos en Brasil, el gran culpable histórico será Carlos Vela.

Supongamos que sucede lo que la inmensa mayoría de los mexicanos piensa, pero pocos confesamos, y los ratones verdes hacen el tradicional papelón de turistas incompetentes. El comentario obligado será: “Claro, si hubiera venido el hojaldre apátrida de Vela, otro gallo nos cantara”. Si, por el contrario, y gracias a la intervención de la Divina Providencia, la Selección Mexicana pasa al famosísimo quinto partido, ya no digamos al sexto, México entero dirá: “Toma, chango, tu banana, ni falta que nos hiciste, pinche Vela” . En ambos casos la Federación Mexicana de Futbol, el entrenador, el masajista, el preparador técnico, los jugadores y el aguador quedarán exentos de culpa. Se lavaron las manos antes de crucificar al jugador rebelde. Yo no sé si Carlos Vela sea un buen jugador o no; confío en los expertos. Sin embargo, no me cabe duda de que su decisión fue correcta: ¿Qué necesidad tiene de cargar con culpas ajenas y salvar naves en proceso de hundimiento sin recibir a cambio ni siquiera las gracias? Vela, en teoría, podría ser seleccionado nacional para la Copa del año 2018.

No lo será, como tampoco será llamado a entrenar fuerzas básicas, valores juveniles o equipos de barriada. El sambenito de traidor a la patria que el patrioterismo ramplón le ha colgado ya no se lo quita ni con los baños de Cloralex que se daba Michael Jackson.

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