Que sigo de cerca tus pasos…

En Michoacán, Guerrero y Oaxaca, proliferan los grupos armados que se han hecho no de la administración de la justicia, pero sí del uso de la fuerza para establecer las leyes de convivencia.

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Félix Cortés Camarillo 04/02/2014 01:26
Que sigo de cerca tus pasos…

Ayer por la tarde me enteré de que ya van 315 muertos por la perniciosa influenza. Es una cifra importante, sin duda, seria. No obstante, no hay mexicano sensato que viera con buenos ojos que el gobierno actual cayera en la histeria de los señores Calderón y Córdova, en el sexenio pasado, para proscribir desde el saludo de mano o cualquier otra forma de cercanía con nuestros familiares, hasta cerrar todo centro de reunión y prácticamente cancelar la actividad económica del país, con consecuencias que no han sido cuantificadas con certeza, tal vez intencionalmente.

Las calles de la Ciudad de México, después de la tregua que nos dieron los señores manifestantes, han vuelto a ser víctimas del caos, el bloqueo, el desorden y el vandalismo. Las autoridades municipal y federal no se han visto incapaces, pero sí indispuestas a actuar en defensa de los derechos ciudadanos de la mayoría, protegiendo los privilegios que el pragmatismo político da a minorías agresivas.

En Michoacán, Guerrero y Oaxaca, proliferan los grupos armados que se han hecho no de la administración de la justicia, pero sí del uso de la fuerza, incluso armada, para establecer las leyes de convivencia. En un vaivén de criterios jurídicos y administrativos, la autoridad ha oscilado entre amenazar con el castigo si esos grupos no deponen las armas, e “invitarlos”  a integrarse a los cuerpos oficiales de seguridad, registrar el armamento y disciplinarse a los órganos legalmente reconocidos.

En los tres casos hay una manifiesta timidez de la autoridad que la ciudadanía no puede explicarse.

Para quien esto escribe, es evidente el temor a los fantasmas represivos o equivocados del pasado. Si se elude el uso de la fuerza legítima para defender la ley es por el prurito de no evocar en la percepción colectiva el recuerdo de errores cometidos por gobernantes del pasado reciente y medianamente cercanos. Díaz Ordaz y Echeverría, en los casos de Tlatelolco y jueves de Corpus, respectivamente; Vicente Fox y Felipe Calderón, en el combate al narcotráfico y la violencia que lo acompaña; Calderón solo en la histeria sanitaria.

En lugar de actuar con firmeza y decisión, se ha optado por sacar la chequera, comprar conciencias por el camino de la inversión para el desarrollo, conscientes de que todos estamos de acuerdo en que el atraso, la pobreza y la injusticia han sido el caldo de cultivo para el surgimiento de violencias, insurgencias, descontentos y marchas.

Sin embargo, los latinos nos enseñaron que la ley es dura, pero es la ley. Y si todos queremos el sosiego, hay muchos mexicanos que queremos que la ley se imponga y se haga respetar. Aunque el “costo político” de los reflectores mediáticos suela cobrar.

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