The winner takes it all

Al mejor ministro de finanzas de México no lo deben designar los señores que mandan en La City.

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Félix Cortés Camarillo 30/01/2014 02:06
The winner takes it all

                I don’t wanna talk

                about the things we’ve gone through...

                Björn Ulvaeus, Benny Andersson, The winner     takes it all,1980

 

La sabiduría popular, por acertada, suele ser cruel. Mi hermano Ricardo suele citar una de las mejores muestras, aunque no de su autoría, de ese ingenio: no hay pillo que sea antipático, crudo que no sea humilde, ni pendejo sin portafolios.

Ayer recordé que hace unos 35 años vino a verme un tal Renzo Gallo, italiano y chaparrito, que desbordaba una increíble simpatía. Su novia Patricia desbordaba otros atributos que al año siguiente mi hermano Guillermo y yo seguimos admirando en la casa de ellos dos en el Trastévere. Pero el tema es que Renzo era la mar de simpático. Su negocio era vender unas cosas que se llamaban Los Premios Mercurio al comercio y la iniciativa empresarial, y Renzo y Patricia andaban en oferta. Ya no me acuerdo si seducido compré alguno de esos diplomas y estatuillas doradas de los pies alados, pero no se me olvida el encanto de Renzo y su mujer. Especialmente los de ella.

Desde hace muchos años hay instituciones que se dedican a crear y promover por el mundo premios rimbombantes, estatuas mínimas y diplomas vistosos, a cambio de ciertos donativos. No hay nada ilegal; hay mucha gente por el mundo ansiosa de tener un reconocimiento de mucho ruido, especialmente en lengua extranjera.

The Banker es una revista mensual especializada en finanzas que publica el diario Financial Times en Londres desde 1926. Uno de los negocios sidekick de la publicación, esto es colateral, es otorgar premios internacionales al Banquero del Año y al Ministro de Finanzas del Año. Casualmente, como Los Premios Mercurio, se otorgan a nivel global, regional y casi aldeano. Hay Ministro de Finanzas del Año para Europa Central y del Oriente, para Europa Occidental, para las Américas, para Oriente Medio y para Asia. Por premios no paramos. Por ningún motivo quisiera insinuar aquí que los galardones de la pérfida Albión se otorguen con previa paga, como las estatuillas del dios Mercurio que subastaba Renzo y su pandilla. Nadie en sus cinco sentidos compraría una distinción así de corriente.

Pero me enteré que The Banker acaba de otorgar a don Luis Videgaray Caso, a nivel regional y global, el título del mejor Ministro de Finanzas del Año 2014. A nivel del mundo entero y del continente americano, para que nos entendamos.

No cabe en mí mismo del júbilo patriota. Sobre todo si México ganó en San Antonio.

Pero yo suelo ser un aguafiestas y no puedo evitar recordar que la medalla a los cien metros planos se entrega cuando los contendientes han corrido la pista entera. No en la salida. Del año 2014 han transcurrido, creo, 30 días. Ok, 29. Antes de discernir quién es el más picudo administrador de las finanzas y la economía de un país en un año entero, habría que esperar a que ese año transcurra. ¿O no?

Pero hay otro asunto más importante.

Humildemente, y la humildad no se me da, pienso que al mejor ministro de finanzas de México no lo deben designar los señores que mandan en La City. Si se tratara de otorgar distinciones en ese campo, los más calificados para designar a alguien son los mexicanos. Esos pequeños seres humanos que ya somos víctimas cotidianas y graves de las políticas financieras y fiscales de don Luis Videgaray. Por cierto, sin ceremonias ni estatuillas, hace muchos años los mexicanos distinguimos a don Antonio Ortiz Mena, ministro de Economía con López Mateos y Díaz Ordaz, como el mejor ministro. Se le recuerda como el ministro del 6-6 y el 2-2; 6.6% de crecimiento con 2.2% de inflación.

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