Batallas en el desierto

Irás y no volverás se llama el libro que José Emilio decidió regalarme y dedicarme. El título se refiere al mundo mágico de la niñez.

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Félix Cortés Camarillo 28/01/2014 00:57
Batallas en el desierto

                Oye Carlos, ¿por qué tuviste que salirte

                 de la escuela esta mañana?

                Café Tacuba, Las Batallas

 

La última vez que vi a José Emilio Pacheco, luego de muchos años, fue en un homenaje a Cristina Pacheco, su mujer, Armando Manzanero y Jacobo Zabludovsky. Los Pacheco y yo teníamos hambre y nos íbamos a fugar al cercano Borrego Viudo para unos tacos, porque la cena se tardaba en llegar, mientras en el teatro del piso de abajo la muchachada escuchaba un concierto de las canciones del entrañable Armando. Cristina, José Emilio, y yo nos quedamos a conversar, largo, con  Avilés Fabila, sobre el periodismo de antes, que es el de nosotros cuatro, y de mis tiempos de crítico teatral que es lo mío. El generoso elogio del poeta me provocó un gozo que no cabía en el estudio del escultor Sebastián, anfitrión del bochinche, estudio que no es pequeño.

Ayer por la tarde, mientras Armando recibía en Los Ángeles el premio Grammy a su trayectoria artística, José Emilio Pacheco, poeta máximo, moría en el Salvador Zubirán de Nutrición. Me dicen que sin dolores, por fortuna.

Esos son para nosotros. Es el presagio de nuestra propia muerte lo que nos hace llorar los idos. Si en el boxeo hay libra por libra, el poeta completo es José Emilio.

Ahora, como sucede con los muertos, le surgen a José Emilio virtudes sempiternas, actos de bondad, amistades largas y admiraciones intensas. Comenzaremos todos a descubrir su generosa sencillez, su vocación por no tomarse en serio.

No faltará quien recuerde que se le cayeron los pantalones en el patio del Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares momentos antes de recibir el Premio Cervantes. “No tenían tirantes; esto es muy buen argumento contra la vanidad”.

Me muero hoy, como me muero con los que me ganan la carrera, con la idea de que la vida es unos pantalones negros sin tirantes.

Irás y no volverás se llama el libro que José Emilio decidió regalarme y dedicarme. Hay un juego creativo en esa colección de poemas mágicos —todos lo son— entre José Carlos Becerra, quien iba a morir en un estúpido accidente automovilístico en Italia poco tiempo después, dejando coja la poesía que iba a hacer, estaba haciendo, José Emilio. El título se refiere al mundo mágico de la niñez al cual vamos sin retorno.

José Emilio, irás y no volverás.

Donde estás, estás mejor que los que te queremos.

Cristina, no tengo palabras.

Pilón. Primeramente, no me puedo explicar cómo el primer mexicano de este país, que se llama Enrique Peña Nieto, no haya encabezado la primera guardia ante el cadáver del primer poeta de este México que dice suyo.

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