Candil de la calle

A partir del sexenio de Salinas, en el gobierno de México —y muchos de sus actores protagónicos en lo financiero— se han sentido obligados a acudir a esa reunión de alto nivel que en el exclusivo resort alpino de Gstaad tiene lugar cada año.

COMPARTIR 
Félix Cortés Camarillo 17/01/2014 01:21
Candil de la calle

El activismo de Carlos Salinas de Gortari durante su ejercicio como Presidente de México por modificar de manera permanente el curso del desarrollo económico del país tuvo dos grandes vertientes; la una, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que trajo una innegable apertura de mercados con las ventajas y difíciles retos que para una economía rezagada implicó. La otra, una presencia internacional potenciada a la primera división de los dineros mundiales con la espectacular participación de los mexicanos en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza.

A partir del sexenio de Salinas, en el gobierno de México —y muchos de sus actores protagónicos en lo financiero— se han sentido obligados a acudir a esa reunión de alto nivel que en el exclusivo resort alpino de Gstaad tiene lugar cada año. La versión 2014 de este foro, con la participación de dos mil 500 personajes de alto nivel que incluyen jefes de Estado, capitanes financieros y especuladores de gran alcance, tendrá lugar del 22 al 25 de enero, la semana próxima, con el tema central: “El rediseño del mundo, consecuencias para la sociedad, la política y los negocios”. El discurso del presidente Enrique Peña Nieto está programado para el jueves 23.

Cada año, los observadores de nuestra realidad nos preguntamos, ¿qué es lo que va a hacer cada Presidente de México al Foro de Davos? Las respuestas varían según el inquilino de Los Pinos a la sazón. Contrario a lo que se podría esperar, el objetivo de esa representación internacional está en nuestro país y no en los mercados internacionales. No hay indicio alguno de que la participación de Zedillo, Fox o Calderón —ya no se diga del propio Salinas— se haya traducido en sustanciales apoyos de capital, inversión, asistencia o apoyo a la economía mexicana. En términos reales, nuestros presidentes fueron a un exclusivo festín como parientes pobres a los que tradicionalmente se había ignorado.

Las especiales circunstancias por las que atraviesa el México de Peña Nieto podrían modificar esa circunstancia. Trasciende hoy que el Presidente va con todo a promover la aceptación internacional del paquete de reformas sacadas al vapor el año pasado. Eso explica que le acompañen los ministros Videgaray, Guajardo y Joaquín Coldwell así como el director Lozoya, de Pemex: la joya de la corona reformista es la Reforma Energética, con la promesa aún vaga —mientras no esté plenamente claro el paquete de regulaciones secundarias— de la idílica apertura a la inversión extranjera en el campo energético.

A este farol que pretende hacer luz sobre el callejón ajeno, puede hacerle sombra un par de factores fortuitos: la torpe campaña de la izquierda desorganizada que promete a quien quiera oírle que antes de un año habrá logrado revertir la Reforma Energética por el camino de la consulta popular. Esto es lo de menor peso. Mucho más importante sería el impacto notable que la crisis de ingobernabilidad, que se dejó crecer en Michoacán, ha tenido en los medios extranjeros.

Poco atractiva se antoja la invitación a una casa que se encuentra en desorden, amenazada por un caos violento. Pese a las medidas extraordinarias que están en proceso, lamentablemente todavía vamos a escuchar muchas horas de balazos en las tierras michoacanas.

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red