Heaven in their minds

No es importante cómo nos vean los medios extranjeros y los gobiernos de otros países. La verdad es la que nosotros difundamos...

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Félix Cortés Camarillo 13/01/2014 01:53
Heaven in their minds

                I remember when all this thing began.

                No talk of God then, we called you a man.

                Tim Rice, Jesus Christ Superstar, 1970.

 

Muy en el espíritu de su jefe Carlos Salinas de Gortari, el entonces secretario de Relaciones Exteriores Fernando Solana inventó una periódica asamblea magna de los representantes de México en el extranjero para que en nuestro país, y en cortito, recibieran línea sobre la imagen de país que en sus respectivas representaciones era su obligación dar. La idea no es mala; después de todo, los embajadores, por ley, son representantes personales del jefe del Ejecutivo y los cónsules se encargan más o menos de tramitar el primer contacto en extranjía que mexicanos y extranjeros tienen con eso que se llama México.

Luego de su rauda aparición ante los discípulos, luego de la resurrección, Jesucristo instruyó a los sobrevivientes de la persecución farisea a ir por el mundo y divulgar la buena nueva, el Evangelio. De la misma manera, el presidente Peña Nieto, su secretario de Relaciones Exteriores, señor José Antonio Meade Kuribreña, y su secretario de Gobernación, don Miguel Ángel Osorio Chong, instruyeron durante la semana anterior a todos los embajadores y cónsules mexicanos que por el mundo hay, a contar historias fantasiosas sobre nuestro país para que todos vean a los mexicanos como el país de la perenne felicidad y el futuro promisorio. Especialmente a quien quiera venir a invertir aquí. No es importante cómo nos vean los medios extranjeros y los gobiernos de otros países. La verdad es la que nosotros difundamos y nuestros embajadores y cónsules cuenten.

Jorge Lomónaco, embajador en Ginebra, y Juan Manuel Gómez Robledo, subsecretario de Relaciones Exteriores, se apresuraron al cabo de este vigésimo quinto anual aquelarre a afirmar, contundentes, que las reformas “estructurales” que su jefe Peña Nieto no termina aún de promulgar ya hacen que el mundo vea fuerte a México: “La política exterior se ha convertido en la verdadera variable externa del proyecto nacional de desarrollo”, subsecretario dixit.

El señor Carstens trató de ser más moderado: si el incremento a las gasolinas sigue implacable mes con mes, no podemos hablar de una inflación controlada. Sobre la misma línea, los analistas de inversiones advierten sobre la fragilidad que las nuevas leyes fiscales y la ingobernabilidad que en zonas torales sufre México, afectando capitales extranjeros solícitos. Pero la gasolina y la inflación son lo de menos. Hoy es importante la crisis de 2014 y sus consecuencias en el ánimo no solamente de los inversionistas extranjeros, sino, especialmente, en los bolsillos de nosotros, los ciudadanos mexicanos.

Ayer en su primera plana, el diario El País, de España, reconoce que hay un estado de guerra en Michoacán, la tierra de Felipe Calderón y el conejillo de Indias de la guerra al narcotráfico. Estado de guerra, con todas sus mayúsculas y menores. No necesitábamos los mexicanos que nos lo dijeran desde Madrid;  desde Parácuaro nos llegan las noticias.

En la canción de inicio del musical Jesucristo Superestrella, Judas invoca a Jesús a regresar a la realidad, reconocer los orígenes y las intenciones, abandonando las mesiánicas proyecciones, porque ya se veía lo que iba a llegar. Pero, como cantaba la Magdalena hace 44 años: “Everything´s alright, yes everything´s fine and we want you to sleep well tonight”.

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