Simulacro

Yo no estoy de acuerdo en que a mi hija menor la asusten con balas de salva y asaltos ensayados...

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Félix Cortés Camarillo 10/01/2014 01:28
Simulacro

Se escuchan disparos cerca de acá.

Sigo pasos que no tienen final.

Los Enanitos Verdes, Simulacro de tensión

 

Hace un par de semanas el centro comercial Santa Fe pretendió disfrazar en las redes sociales los ruidos provocados por potentes mazos que estaban rompiendo vidrios blindados de una joyería que estaba siendo asaltada. No son balazos, son cohetones lanzados por jóvenes, me dicen que dijeron. Los aterrados clientes que trataron de salir del estacionamiento tardaron hasta dos horas en lograrlo. La administración del centro comercial, o al menos la empresa de seguridad que se encarga de ello, negó el acceso a medios y autoridades en un fenómeno que en los admirados Estados Unidos se llama jurídicamente obstrucción de la justicia.

El miércoles, en el complejo de salas Cinemex del mismo centro comercial, las autoridades de la delegación de Cuajimalpa escenificaron a las diez de la mañana un “simulacro” de asalto al cine, con armas de fuego cargadas de balas de salva. Los agentes se pusieron a jugar a policías y ladrones. Estos últimos sometieron al personal de taquillas y unas mil quinientas personas, en su mayoría niños fueron conminados a ponerse pecho a tierra; los de la taquilla y algunos asistentes fueron despojados de pertenencias. Inmediatamente después, los buenos de la película (seis), se tirotearon con los (tres) malos. Ganaron, contrario a la realidad, los buenos. No pocos menores se asustaron, aunque estaban informados que el asalto era de mentiritas. Todo el jueguito duró diez minutos y al final los participantes pudieron asistir de gorra a una función de matiné cortesía de la delegación.

De cuando en vez el Gobierno de la Ciudad de México hace simulacros de lo que debemos hacer todos los habitantes en caso de un supuesto sismo. Por lo general, al sonar de unas sirenas la gente baja las escaleras con toda calma, sin gritar ni correr ni empujar para reunirse en unas zonas pintadas de verde a echarse un cigarrillo y luego regresar a sus lugares de trabajo. Todos sabemos perfectamente que cuando llegue el verdadero temblor todos nos vamos a comportar como la medida de nuestro miedo nos indique, olvidándonos de los protocolos ensayados.

Pero yo no estoy de acuerdo a que a mi hija menor la asusten de esta manera, con balas de salva y asaltos ensayados. Yo quiero, y para eso pago mis impuestos, que los buenos de la película detengan a los malos de la sociedad; si es con pistolitas de juguete o con balas de verdad me importa un pito. Yo no quiero que la sociedad esté educada en el miedo sino en la confianza. Que todo el mundo pueda salir a la calle, caminar por las plazas, que ahora han sido sustituidas por los malls comerciales, ir al cine o al teatro con tranquilidad, tomarse un refresco o una nieve, un chocolate o unos churros sin tener que haber ensayado el papel de víctimas de un asalto y saberse perfectamente el papel de ciudadano robado, lesionado o muerto.

Si las autoridades de seguridad de la delegación de Cuajimalpa piensan que así se reducen los índices de delincuencia y se abate el número de víctimas fatales alcanzadas por las balas perdidas de semejantes acontecimientos, están absolutamente idiotas. Y deben estarlo, porque ya anunciaron que repetirán la experiencia.

Que inviten a su próxima representación a la más vieja de su casa, como dicen en mi pueblo, y no a los habitantes de las colonias jodidas de la delegación, que no son pocas.

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