¿Quén pompó?

Cuando uno ve que las huestes del EZLN llevan su camisa café y arma al hombro —lo de los fusiles de madera es una vacilada— tiene que reconocer que, aunque pequeño, un ejército le declaró la guerra al gobierno mexicano de Carlos Salinas.

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Félix Cortés Camarillo 07/01/2014 00:00
¿Quén pompó?

En las repetidas visitas nostálgicas a las imágenes, 20 años atrás, del llamado Ejército Zapatista de Liberación Nacional, uno tiene que estar de acuerdo con las declaraciones de Sebastián Guillén, tamaulipeco él, de que esas fuerzas declaradas en guerra contra el Estado mexicano no eran una guerrilla urbana o rural mal armada y peor organizada. Se trata, decía, de un ejército en forma.

Sí, claro. Ejército es el conjunto de las fuerzas armadas de un país para defender a una nación de las amenazas externas. El curso de nuestra historia ha motivado que el concepto haga varias machincuepas. Conserva, sin embargo, conceptos formales tan importantes como disciplina en acción y apariencia, armamento, mando y estrategia. Cuando uno ve que las huestes del EZLN llevan su camisa café y arma al hombro —lo de los fusiles de madera es una vacilada— tiene que reconocer que, aunque pequeño, un ejército le declaró la guerra al gobierno mexicano de Carlos Salinas.

Pero eso es lo sabido. Lo que nunca se sabrá es quén pompó.

¿Quién patrocinó con armamento y logística a un sedicente mestizo dispuesto a emancipar a los indígenas de la lacandonia y liberarlos de las ancestrales explotaciones? Nadie sabe, nadie supo y probablemente nadie lo sabrá.

Los movimientos insurgentes suelen tener abasto externo, internacional, vamos. Fidel Castro anduvo colectando fondos en México y Estados Unidos para su revuelta. Lo mismo hicieron Madero para su Revolución, Villa para su revuelta, Juárez para su permanencia en el poder. El asunto es recurrente, ¿quién paga? La respuesta es igualmente obvia: el que recibe un beneficio. Si el propósito de Marcos fue desestabilizar al Estado mexicano, lo logró barato; tuvo la tolerancia de Zedillo.

Poca atención se le da al desequilibrio social que las autoridades han propiciado en Michoacán. Los cuerpos armados de autodefensas han colocado al Estado en una situación de total ingobernabilidad. Nadie se pregunta quién ha pagado y sigue pagando todo este barullo.

El doctor José Manuel Mireles, presunto líder de las autodefensas michoacanas, está encamado en un hospital de la Ciudad de México mientras le atienden las heridas que le causara el desplome de una avioneta que le transportaba hace días. Venía de Guadalajara, donde está la sede de un grupo de delincuentes que patrocina a las autodefensas. Una vez más, ¿quén pompó? ¿Quién armó a los autodefensores, quién a los templarios, quién a la CNTE, quién a La Familia Michoacana, quién al EZLN, quién al EPR, quién a la Liga 23 de Septiembre? Las balas, los transportes, los bastimentos, las armas, los desplegados, las caminatas, los líderes, los equipos de sonido, los hospitales privados en el sur de la capital mexicana. Todo cuesta. En mi juventud, decían que era el oro de Moscú. En los tiempos recientes, me dicen, el oro del narcotráfico patrocinó, vía Oliver North, a los contras nicaragüenses. Otros dineros, igualmente manchados, habrían pagado la muerte de Ruiz Massieu, quien sabía demasiado. ¿A quién creerle?

Solamente a Chico Che: ¿quén pompó?

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