Mr. Marshall

Los agricultores y los productores pecuarios mexicanos han sido incapaces, de competir contra los productores del norte.

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Félix Cortés Camarillo 03/01/2014 00:00
Mr. Marshall

Os recibimos americanos con alegría.

Olé mi madre, olé mi suegra, olé mi tía..

El Consorcio, Bienvenido Mr. Marshall

 

Fue en el patio del Palacio de Gobierno del estado de Nuevo León, en Monterrey. Ante el presidente George Bush, entonces presidente de Estados Unidos,  don Carlos Salinas de Gortari nos daba la bienvenida formal y retórica al primer mundo: el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, México y Estados Unidos se acababa de firmar en San Antonio, Texas, en octubre de 1993. El primero de enero de 2014 se cumplieron 20 años de que entró en vigor. En 1953 Luis García Berlanga hizo en España la entonces atrevida cinta Bienvenido Mr. Marshall, una sátira al espíritu festivo de los españoles de la época por la llegada del plan Marshall, ayuda económica de Estados Unidos a Europa de posguerra para recuperarse económicamente y no caer en las “garras del comunismo”. En España entonces, como en México hace 20 años, vieron en los estadunidenses la tabla salvadora de la economía.

Hoy la atmósfera en México es diferente. Jaime Serra Puche, el artífice de la operación por encargo de Salinas, insiste en que nunca nos prometió un jardín de rosas y que el TLCAN no era la panacea de todos nuestros males. 20 años después se demuestra que Serra Puche tiene hoy razón.

Ciertamente, ya tenemos en nuestras ciudades Price Club donde podemos comprar televisores japoneses o coreanos hechos en México sin tener que traerlos de contrabando. Ciertamente ya exportamos mucho más a Estados Unidos que hace 20 años. Especialmente si contabilizamos lo que las maquiladoras hacen en México como piezas, para luego importar de Estados Unidos  productos terminados. Hemos triunfalmente acabado con los pequeños talleres y los tendajos de la esquina en beneficio de los grandes almacenes y las plantas maquiladoras.

Simultáneamente, los agricultores y los productores pecuarios mexicanos han sido incapaces, como estaba anunciado, de competir contra los productores del norte, subsidiados por su gobierno. En consecuencia, los campesinos mexicanos siguen yéndose a Estados Unidos en busca de trabajo y sustento. Los trabajos prometidos por Salinas y Serra Puche brillan por su ausencia y sólo existieron en los discursos de Zedillo, Fox y Calderón, siempre como promesas.

La globalización comercial está muy lejos de ser el demonio destructivo que muchos quisieran ver; es un fenómeno tan inevitable como benéfico pudiera ser. Las herramientas económicas son exactamente eso, herramientas. Depende del uso que le den las manos que las empuñan. Las manos del TLC, por ejemplo, siguen impidiendo mediante trabas burocráticas supuestamente de protección ambiental el acceso de los camiones mexicanos que transportan nuestras exportaciones.

Y así por el estilo; Mr. Marshall nunca llegó a España. Los peninsulares tuvieron que recuperarse de la guerra con trabajo y sacrificio. El TLCAN no fue ninguna panacea a los males nacionales. Solamente el trabajo de los mexicanos y la honestidad y eficiencia de sus gobernantes, si las hubiera, pueden ayudarnos a salir del hoyo.

Pilón. 20 años después, el EZLN y su subtomandante Marcos siguen siendo una mascarada. Digo.

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