Te regresas a tu rancho

Ha comenzado a azotar a los mexicanos una crisis, derivada principalmente de la Reforma Fiscal propuesta torpemente por el Ejecutivo y aprobada con entusiasmo irresponsable por los legisladores mexicanos.

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Félix Cortés Camarillo 02/01/2014 00:00
Te regresas a tu rancho

Como no traía dinero, me paraba en las esquinas

Para ver a quién gorreaba los pescuezos de gallina.

El bracero fracasado

 

Entre junio y septiembre del año pasado, las remesas de los españoles trabajando en el extranjero sumaron mil 643 millones de euros. España se ha convertido, como no sucedía desde la posguerra, en un país receptor neto de remesas de sus trabajadores en el extranjero.

No hay proporción con la situación mexicana, que tiene decenios en que la economía nacional depende de importante manera de lo que los braceros envían a sus familiares en algunos de los estados de situación más precaria del país. Las remesas de los mexicanos trabajando en Estados Unidos vienen promediando encima de los 21 mil millones de dólares al año, desde el año 2000. Es muy probable que, cuando se haga el balance del año que acaba de fenecer, la cifra no llegue a los 21 mil millones. El promedio de los envíos ha disminuido a los mil 590 millones al mes.

El impacto de esa cifra parece ser menor: después de todo, la disminución será solamente de 5%; sin embargo, a ese número hay que añadir los datos duros de la crisis que ha comenzado a azotar a los mexicanos a partir de ayer, derivada principalmente de la Reforma Fiscal propuesta torpemente por el Ejecutivo y aprobada con entusiasmo irresponsable por los legisladores mexicanos. Las balbuceantes modificaciones ejecutivas, desgravando, por ejemplo, al pan y a la tortilla del impuesto adicional que se llevó, arrasador, a los alimentos llamados chatarra y los refrescos que forman parte de la dieta esencial del mexicano, son triste documento de este faux pas político y económico que a partir de ayer comienza a causar estragos a las familias mexicanas.

Entre las deficiencias evidentes está el haber olvidado que dentro de un año entraremos en efervescencia electoral, para unas elecciones de medio término en las que el partido en el poder pretende conquistar el dominio aplanador del Congreso. No es utópico pensar que, por primera vez, los mexicanos entiendan que su credencial de elector puede servir para algo más que para cambiar un cheque. La experiencia de la segunda mitad de 2013 nos ha dejado claro que nuestra irresponsabilidad al abstenernos de votar o al emitir el voto por quien sea puede tener consecuencias muy graves. Especialmente si descuidamos el enorme peso decisorio que el Poder Legislativo ha recuperado, luego de supuestamente abandonar el papel de comparsa del Presidente en turno.

El año próximo tenemos que mandar de regreso a su rancho a los legisladores que solamente levantan la mano para seguir las instrucciones de unos jefes cada vez más sumisos a superiores instancias. De otra manera, la crisis que hoy se dibuja dura se convertirá en trágica.

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