Que sea tu cruel adiós

El poder tiene más espacio y oportunidad de negociación abiertamente, dentro de una antesala a la coalición.

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Félix Cortés Camarillo 24/12/2013 01:07
Que sea tu cruel adiós

Sólo los más ingenuos pueden aún soñar con la posibilidad de que el llamado Pacto por México dé señales de algún aliento, ya no digamos de recuperación plena. Los principales supuestos damnificados, el presidente Peña Nieto y su partido, debieran ser los de mayor celebración. Lo mejor que le podía haber pasado a esta entidad de efectiva política ficción ha sido pasar a los anales de los mitos geniales en nuestra historia reciente.

Hace años, con el surgimiento de un periódico Diario Más en la Ciudad de México hizo llegar su número a 32. Entonces en una comida le pregunté cándidamente al secretario de Gobernación qué necesidad había de tener tantos periódicos en México, si Nueva York tenía cuatro y Tokio dos. “Es más fácil manejar 32 periódicos que uno”, me contestó. Hablaba obviamente desde las posiciones del gobierno.

Una postura similar animó a don Jesús Reyes Heroles a diseñar y poner en práctica la progresiva y mutante Reforma Política de los años setenta que ha devenido el famoso Pacto: es más fácil lidiar con las gallináceas en el corral que allá afuera. El poder tiene más espacio y oportunidad de negociación abiertamente, dentro de una antesala a la coalición, que en un aparente herradero de bestias desbocadas.

Pero llega un momento en el que la conciliación y la transa ya no tienen futuro, como algunos matrimonios; entonces, como en muchos matrimonios, lo mejor es un divorcio apacible con falsas promesas de futura relación amistosa. En el caso del Estado, cuando la concertación llamada Pacto se estanca, como se estancó en el último bimestre de este año, cuando la política de estirar la liga hasta su última resistencia y ceder ante cada petición, lo más prudente es abandonar ese barco. De otra manera sólo se podía acceder a un gobierno de coalición o a un régimen parlamentario. Para ello se necesitaría una verdadera transformación del Estado mexicano, una transformación que los políticos mexicanos no quieren, pero para la que tampoco tienen la preparación, intelectual y política, emprender.

El beneficiario mayor de estas concesiones permanentes, el PAN, es el que tiene que estar empeñado en que el Pacto prosiga, aún en condición de banco de dos patas. Ha sido el partido putativo de la derecha el que ha marcado la agenda nacional reciente y la joya de la corona, la Reforma Energética, sólo avanzó porque se incluyó en ella todo lo que el PAN exigió. Verbigracia, la expulsión de una representación del sindicato en el Consejo de Administración de Pemex. Un obsequio absurdo, a pesar de la consabida corrupción del sindicato actual de los petroleros.

Por eso, para el partido en el poder es mejor que el Pacto se rompa; de otra forma iba a terminar actuando como una fachada de un poder alterno, cediendo a todas las presiones. Por eso, al PRD con todas sus tribus ya no le conviene estar dentro: no tiene beneficio que adquirir. La prueba de resistencia eran —y todos lo dijeron en su momento— las reformas constitucionales en torno al petróleo. Y ahí, diría mi abuela, la marrana torció el rabo.

El presidente Peña Nieto y su partido, por razones inexplicadas porque son inexplicables, insisten en revivir un muerto que le va a apestar la casa. Es fin de año y dice la sabiduría popular que diciembre y enero, desviejadero. Si los usufructuarios de la izquierda se quieren ir, que se vayan. Pero con sus bloqueos a otra parte. Que sigan insistiendo en sus exigencias a contrapelo no solamente de la ley sino del sentido común.

O qué, ¿de veras el gobierno le tiene miedo a la consulta popular en 2015?

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