Y la máquina seguía, pita y pita, caminando

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Félix Cortés Camarillo 20/12/2013 02:31
Y la máquina seguía, pita  y pita, caminando

Uno de los mitos de la historia de México que habrá de ponerse en su sitio más tarde o más temprano es la figura de Porfirio Díaz. Estigmatizado como el villano favorito eternizado en el poder por más de 30 años, ha terminado por simbolizar años de una sociedad injusta y represora, que mantuvo al país en el estancamiento y el retraso.

Nada más falso; es precisamente durante el Porfiriato que se ponen las bases del México moderno, sobre las que se edificó, nos guste o no, el país que hoy tenemos. Díaz y sus gobiernos son los que introducen la explotación petrolera, la electrificación… y los ferrocarriles. Son precisamente esos ferrocarriles los que llevan a los revolucionarios, que finalmente ponen a Porfirio Díaz a bordo del Ipiranga rumbo al exilio, dejando a un país que por lustros iba a seguir suicidándose en luchas fratricidas.

Los ferrocarriles mexicanos fueron la columna vertebral del desarrollo de México. Además de transportar las mercancías, las vías férreas fueron forjando la urdimbre que hizo el tejido social del país, integrando a las comunidades rurales a los mercados para su producción. La copia mal hecha del modelo norteamericano automovilizado fue dejando a los ferrocarriles a las puertas de su modernidad, las máquinas de tracción movidas a diesel.

Pero más que el atraso tecnológico, los ferrocarriles en México fueron asesinados por la torpeza y la corrupción de sus gobernantes, que condenándolos primero a morir de inanición, luego vendieron sus restos a empresas norteamericanas, sin que los patriotas que hoy se rasgan las vestiduras por la tibia Reforma Energética movieran una pestaña en protesta. Carlos Salinas de Gortari puso la primera piedra de este atentado; Ernesto Zedillo lo consumó entusiasta. Por circunstancia extraña, sólo el ferrocarril en Chihuahua se salvó de los afanes destructores

El presidente Enrique Peña Nieto tiene la oportunidad única de recuperar los ferrocarriles para los mexicanos. No se trata de un sueño nostálgico por las románticas rutas de México a Veracruz, El Regiomontano, de europeas pretensiones, o el trenecito a Cuernavaca. Es la oportunidad de sustituir una red carretera anticuada e insuficiente para el transporte de nuestros productos, tanto al mercado nacional como a las exportaciones. Es el vehículo ideal para el impulso al turismo que tanto se necesita.

En su campaña, Peña Nieto se comprometió a construir un ferrocarril peninsular en Yucatán y un tren rápido en el centro de la República, en un tímido acercamiento a un problema mayor de comunicación y transporte. Ahora, el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, casi dejó caer por descuido el anuncio de la licitación de ferrocarriles de pasajeros para el primer trimestre del 2014. Es de esperarse que el desdén manifestado en el anuncio no se traduzca en la magnitud del proyecto apenas esbozado. Hay yenes y yuanes en grandes cantidades listas para participar en el desarrollo y modernización de los ferrocarriles nacionales de México. China y Japón tienen reconocida experiencia en los ferrocarriles de alta velocidad. El sueño de una espina dorsal ferroviaria de Tijuana a Mérida es posible.

Ahora que está de moda etiquetar de histórico cualquier evento, proyecto o manifestación, hay que ser cuidadoso con el término a propósito de los ferrocarriles. Especialmente si ha de quedarse en mero anuncio de intenciones que no van a ninguna parte, práctica a la que ya nos vamos acostumbrando.

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