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Tres casas encuestadoras dieron el sustento documental para que el Metro capitalino pasara de costar tres pesos a costar cinco.

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Félix Cortés Camarillo 11/12/2013 04:40
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Desde siempre, cuando los poderosos quieren escuchar algo a su modo, tienen las herramientas y las personas que indaguen y encuentren el verbo lisonjero deseado, y sepan susurrarlo al oído curioso. En los tiempos feudales ese trabajo lo hacían los bufones. En los tiempos modernos es tarea de encuestadores y comunicólogos. Dime qué quieres escuchar y yo te armo el sondeo, la encuesta, el focus group que te lo diga. Todo depende cómo se hagan las preguntas. Lo importante reside precisamente en ese detalle.

No es lo mismo preguntar en una encuesta decisiva “¿estás de acuerdo en que Pemex se modernice?” a formular la pregunta “¿a ti te parece correcto entregar el petróleo de los mexicanos a empresas extranjeras?”; son los pequeños detalles, que diría Roberto Carlos. Por ese procedimiento, tres casas encuestadoras, que tienen fama de serias, dieron el sustento documental para que el Metro capitalino pasara de costar tres pesos a costar cinco. Tan estaba previsto que los usuarios iban a aplaudir la medida como focas de circo, por un 56% en promedio, que la administración del transporte colectivo ya tenía listas las tarjetas de pobre para viajes rebajados.

De esa manera, ha quedado ayer legalmente establecido —aunque ya lo estaba desde 2012 en el 35 constitucional— el procedimiento de consulta popular para las cosas trascendentes de la nación. Como la Reforma Energética, que ya va de salida. Son los pequeños detalles.

Las exequias armadas en honor a Nelson Mandela en nuestra madrugada de ayer pudieron haber sido un magno acontecimiento que superara los funerales de Churchill, Kennedy o el mismo papa Juan Pablo II. No lo fue, a pesar de la multitud de testas coronadas y civiles en el mando actual y pasado, que ya hubiera querido cualquier alfombra roja de esas que usan en Hollywood. No lo fue por la mala organización, la lentitud del ritmo de la ceremonia, los largos textos y la falta de previsión. Y un pequeño detalle que se llama producción.

No obstante, el evento de Johannesburgo se significó precisamente por un pequeño detalle: el presidente de los Estados Unidos levantándose de su asiento para caminar hasta donde estaban y saludar, luego sonriente, a la presidente de Brasil, Dilma Rousseff —beso doble en las mejillas—, pero especialmente a Raúl Castro, presidente de Cuba. La foto del chaparrito saludando al enemigo dio la vuelta al mundo; Castro diría luego simplemente que son personas civilizadas. Pero Barack Obama conoce de esos detalles de producción mediática. El primer presidente negro del país más poderoso del mundo haciendo un gesto de esa “mandeliana” tolerancia y magnificencia…Eso se llama robarse el show.

Nadie tenía ayer la menor duda en México de que la Reforma Energética ya estaba lavada, planchada y lista para empacarse. Sin embargo, y de última hora, lo único que convirtió el proceso legislativo en noticia de primera plana fue la eliminación de los cinco miembros del Consejo de Administración de Pemex que son, hasta hoy, privilegio del sindicato petrolero.

Se puede discrepar de la moralidad de la medida, de la intrínseca inconveniencia de sacar a los trabajadores petroleros del manejo de su empresa; pero de que la exigencia del PAN se cumplió con presteza, se cumplió con presteza. Y si alguien quiere ver en estos pequeños detalles indicios de cómo será el curso de la administración conciliadora y tendiente a la coalición, tendrá que verlo así.

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