Voy en el Metro

A nadie se le escapa que el Metro le cuesta al Estado más de lo que cobra, cinco veces más, al menos. En la mayor parte del mundo es así.

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Félix Cortés Camarillo 03/12/2013 01:35
Voy en el Metro

Aquí no admiten guajolotes, tamarindos, zopilotes, ni huacales con elotes ni costales con carbón

Salvador Flores, Voy en el Metro

 

Si usted quiere creerle al señor Joel Ortega, director general del Sistema de Transporte Colectivo Metro, siete mil 200 personas, escogidas al azar por tres casas encuestadoras (Mitofsky, Covarrubias y Asociados, y Parametría), están a punto de decidir si los cinco millones 300 mil usuarios de este medio de transporte deben pagar cinco pesos por viaje en lugar de los tres que esta mañana pagaron. Si cualquier mortal que no llenara el ojo crítico de los censores insistió en participar en la muestra, se le proporcionó el cuestionario, pero su opinión fue inmediatamente inválida. Faltaba más.

Debe admitirse que el método es novedoso: bastaba con decidir un aumento a las tarifas, publicarlo, aplicarlo y ya está. Pero la administración de la capital del país quiere darle a la medida administrativa un barniz de democracia y ha sometido un cuestionario, de a 250 pesos por cabeza el costo, que lleva una clara tendencia inductiva, si es evidente que más de 70% de los usuarios del Metro rechaza terminantemente un aumento a las tarifas, un 60% estaría dispuesto a aceptarlo, siempre y cuando ese aumento se destinara a la mejoría del servicio, la gratuidad para viejitos, bebés y policías (?), y una mayor seguridad y puntualidad en los trayectos.

El jueves se darán a conocer los resultados de este simulacro democrático, cuyos realizadores justifican el tamaño de la muestra, el 0.13% de los usuarios de un día, porque en los sondeos de opinión para la Presidencia de la República su muestra es similarmente pequeña. Claro que en el sondeo para Presidente la pregunta no es sí o no. En este caso, la respuesta aparente tiene que ser sí.

A nadie se le escapa que el Metro le cuesta al Estado más de lo que cobra, cinco veces más, al menos. En la mayor parte del mundo es así, en diferentes escalas. Que no se nos olvide que es un servicio pú-bli-co. Pero que no se nos olvide también que en sus problemas puede tener ocultas soluciones. La abundancia de mercaderes en sus puertas y pasillos, no requieren un Jesús que les eche a latigazos, como sucedió en el templo. Tal vez sería suficiente con un cobrador que les pase la charola para que retribuyan con el pago del alquiler del espacio que usan, el dinero que el Metro requiere para operar seguro, eficiente, limpio y cómodo.

En las paredes de los metros europeos abundan los espectaculares de todas las marcas y todos los productos. La comercialización de esos espacios, de los tiempos en los monitores de televisión de los andenes, los anuncios dentro de los vagones….

Yo no soy un experto en el mercado de la publicidad ni tampoco estoy descubriendo el hilo negro o el agua tibia. Me da la impresión, sin embargo, que alguien se me adelantó en esos descubrimientos y que ya está sacando raja de ellos. Igualmente alguien descubrió el procedimiento de la encuesta pública para subir las tarifas.

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