¿Hacia una policía nacional?

Lamentablemente hacia el final del gobierno de Vicente Fox el panorama nacional se ensombreció, hubo una caída en espiral de la seguridad pública; ese dramático escenario de violencia no lo pudo frenar Felipe Calderón en su muy cuestionado combate al narcotráfico.

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Federico Ponce Rojas 30/08/2014 01:11
¿Hacia una policía nacional?

El presidente Enrique Peña Nieto dio el banderazo de salida a un nuevo cuerpo policial federal para prevenir y combatir el crimen organizado y otras expresiones de violencia. Bajo el nombre de Gendarmería Nacional, este cuerpo de élite con  capacitación militar, dependerá de la Comisión Nacional de Seguridad y con ello el titular de la política interior contará con el brazo fuerte que requiere el área de seguridad nacional para mantener el orden público y la paz social.

Es importante recordar que un viejo anhelo del Estado mexicano es crear una policía nacional. En la década de los ochenta, el entonces titular del Programa Nacional de Seguridad Pública,  Ignacio Morales Lechuga, proponía la creación de esa fuerza federal basada en las experiencias estadunidesne, francesa y chilena. Más aún, en la campaña del candidato Carlos Salinas de Gortari insistió en ese propósito.

En las postrimerías del siglo XX, Alejandro Gertz Manero propuso igualmente la creación de un cuerpo nacional de mando único que pudiera disuadir los delitos federales e incluso presentó un código penal único para  todo el país. Un avance importante fue la creación de la Secretaría de Seguridad Pública Federal, la cual lamentablemente no pudo materializar su autonomía, ya que sólo cercenó el brazo armado y de inteligencia de la Secretaría de Gobernación, pero no le dotaron del marco jurídico necesario para crear esa fuerza única y nacional que debiera combatir los delitos. Sin embargo, las fuerzas federales dieron un positivo resultado, ya que frenaron la violencia en ciudades como Juárez, Matamoros, Culiacán, Tijuana e incluso resguardaron el orden en Tlaltelolco en la Ciudad de México.

Lamentablemente hacia el final del gobierno de Vicente Fox el panorama nacional se ensombreció  hubo una caída en espiral de la seguridad pública; ese dramático escenario de violencia no lo pudo frenar Felipe Calderón en su muy cuestionado combate al narcotráfico.

Correspondió a la presente administración corregir el entuerto y reorganizar la administración pública. En principio regreso el control político y de seguridad a la Secretaría de Gobernación como la encargada de garantizar la seguridad nacional. Se entiende así que la inteligencia y el uso legítimo de la fuerza sean   responsabilidad del jefe de la política interior, se reconoce que el problema de  inseguridad no es un caso de policías y ladrones, sino de seguridad nacional y que ésta es una expresión de la defensa de la soberanía mexicana.

Por ello se crea la Comisión Nacional de Seguridad. Después de año y medio de trabajo de gabinete para asimilar las experiencias de países como Colombia, Chile, Francia, Italia, España y Estados Unidos se concibe el concepto de Gendarmería Nacional, formada por mexicanos comprometidos con su país y sus conciudadanos para preservar la paz social. No se trata de una policía más, es el fruto de un modelo científico y de inteligencia para atacar el crimen organizado y otras expresiones del delito, pero no con el “efecto escopeta”, sino con tiros de precisión. Por ello, la Gendarmería resguardará ciclos productivos en zonas específicas del país o cuando se les requiera, incluso en ayuda a la población.

La Gendarmería Nacional intervendrá para salvaguardar áreas importantes del campo mexicano desde la siembra, la cosecha y la comercialización del aguacate, el limón, la naranja, el tomate y otras que se encuentran hoy asechadas por el crimen organizado, que extorsionan y cobran derecho de piso a productores y trabajadores comerciantes en el país. No menos importante se da el resguardo de las minas y productoras de metales que se han visto amenazadas por sicarios y cárteles que han hecho de la exportación ilícita de piedras y metales un negocio multimillonario hacia Asia, sólo equiparable con el narcotráfico, el contrabando de armas o la trata de personas. Los puertos de Lázaro Cárdenas y Manzanillo son tristes ejemplos de esta realidad.

Pero también en temporadas vacacionales como el verano, fin de año o Semana Santa, los cinco mil nuevos elementos federales custodiarán nuestras playas y centros turísticos para tranquilidad de turistas y dueños de hoteles y restaurantes, que hoy se ven asediados por amenazas o la extorsión. El secuestro, este nuevo jinete apocalíptico del México contemporáneo, también será abatido por la Gendarmería Nacional, la cual en coordinación  con la Sedena, la Marina-Armada de México, la PGR, el zar antisecuestro y las fuerzas federales combate irán con vehemencia la más cobarde de la conductas antisocial. Prueba de ello es su aparición en Valle de Bravo, para dar tranquilidad a pobladores y visitantes.

Enhorabuena la decisión del presidente Enrique Peña Nieto de crear esta estructura especializada de la policía, porque después de 21 meses de gestión, el primer mandatario debe demostrarle a los ciudadanos que también su compromiso de dar seguridad pública es un compromiso cumplido. Pero no dejemos en el olvido que uno de los grandes retos nacionales del Estado mexicano es contar con una policía nacional que de seguridad pública, defienda la soberanía nacional y mantenga la paz social en un Estado de derecho.

                *Ex Subprocurador General de la República y vicepresidente de la             Academia Mexicana de Derecho Internacional

                fpr_enlinea@hotmail.com

                Twitter: @fpr_enlinea

 

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