Reforma Energética, palanca de desarrollo

Los tiempos de modernidad obligan a hacer a un lado discusiones y dogmas del pasado.

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Federico Ponce Rojas 04/01/2014 00:28
Reforma Energética, palanca de desarrollo

Cuatro meses después de que el Ejecutivo federal presentara su iniciativa, la Comisión Permanente del Congreso de la Unión declaró constitucional la Reforma Energética que modifica los artículos 25, 27 y 28 de nuestra Carta Magna para permitir la entrada de capital privado al sector.

Desde su presentación y hasta hoy, la iniciativa aprobada ha desatado una oleada de posiciones y declaraciones en todas direcciones, desde aquellos que festejan las bondades de la apertura al capital privado, hasta quienes juran que defenderán la propiedad del petróleo.

Los tiempos de modernidad que estamos viviendo nos obligan a hacer a un lado discusiones y dogmas del pasado. La tendencia mundial nos habla de un consumo in crescendo de energéticos y en nuestro país, hay que reconocerlo, con el esquema actual de Pemex era ya imposible la exploración y explotación de nuevos yacimientos sin proyectos de colaboración entre el sector público y el capital privado.

La postura del gobierno federal es muy clara: Pemex es y seguirá siendo de los mexicanos, lo que sucede es que la paraestatal ya reventó y ahora, ante lo urgente de echar a andar la reforma estructural, se debe trabajar para impulsar temas fundamentales como conservar la rectoría estatal de Pemex y promover proyectos que, con la participación del sector privado, logren reactivar la deteriorada capacidad productiva de la empresa.

Sin lugar a dudas es un cambio, un paso a la modernidad que, sin embargo, debió haberse concretado hace muchos años.

En sentido estricto, para Pemex significa la oportunidad de asociarse con inversionistas privados en importantes proyectos. Y es que de acuerdo con diversos analistas, México enfrentaba una fuerte problemática, ya que a pesar de ser el séptimo productor de hidrocarburos en el mundo, su producción se ha desplomado 20% en la última década.

Nuestro país ha dejado de ser gran exportador para convertirse en importador de significativas cantidades de hidrocarburos. Existen cifras reveladoras que dan cuenta de ello: pagamos por gas un precio seis veces más alto que el consumidor norteamericano; tenemos inmensas reservas estimadas de petróleo (115 mil millones de barriles) y sin embargo, no explotamos ni las reservas probadas (más de diez mil millones de barriles).

Debemos reconocer que tal y como están las cosas, con el esquema actual, Pemex no puede maximizar la renta petrolera y esto porque simple y sencillamente no tenemos la tecnología necesaria y la tasa de retorno sobre la inversión es muy baja, entre otras cosas.

La Reforma Energética aprobada se parece a los modelos que han sido implementados con éxito en otros países, como Brasil y Colombia, donde se logró impulsar la producción.

Por otro lado, es un hecho que defender la posesión del petróleo ha sido la bandera política nacionalista más rentable para muchos personajes de la izquierda, como López Obrador, quién con su grupo Morena una vez más se declaró en ‘‘alerta roja’’ ante la intención del gobierno federal de, según dice, privatizar el petróleo.

Podemos estar satisfechos con la reforma, sin embargo, no se debe soslayar que por sí sola no será la solución para todos los problemas energéticos del país. Cuando todavía falta que en el primer trimestre de 2014 se discutan y sean aprobadas las 16 leyes secundarias en la materia, se debe reconocer que la reforma tiene algunos puntos débiles, falta despejar dudas y enfrentar muchos retos en su implementación, donde la transparencia será primordial.

En este sentido, la salida del sindicato petrolero del Consejo de Administración de Pemex es un hecho positivo, una buena señal para los inversionistas. La determinación de suprimir los puestos que tiene el STPRM dentro del consejo es una señal que fue recibida con beneplácito por todos los mexicanos.

En el tema de las finanzas públicas, un signo positivo es la creación del fideicomiso público llamado Fondo Mexicano del Petróleo para la Estabilización y el Desarrollo, el cual será el encargado de recibir y administrar los ingresos derivados de los nuevos contratos.

Es un hecho que el próximo año, en México se tendrán inversiones nacionales y extranjeras de gran impulso, lo que permitirá un año de crecimiento económico.

En resumen, a todos nos queda claro que la Reforma Energética era ya impostergable y ahora, después de su promulgación, el debate debe centrarse en propugnar por que el Estado mantenga la propiedad sobre los hidrocarburos y la rectoría sobre Pemex, pero entendiendo que es necesaria la apertura al capital privado. No se trata de privatizar, la participación del sector privado no es privatizar; la realidad es que Pemex no cuenta con los recursos económicos suficientes para detonar y desarrollar la infraestructura necesaria que le permita generar más energía.

                *Ex subprocurador general de la República,

                Catedrático de derecho de la Universidad Anáhuac y

                vicepresidente de la Academia Mexicana de Derecho Internacional

                fpr_enlinea@hotmail.com

                Twitter: @fpr_enlinea

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