El flaco favor

La Asamblea capitalina lo que necesita son facultades legislativas plenas, como la de ser parte del constituyente permanente.

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Federico Döring 27/04/2014 00:00
El flaco favor

La ingobernabilidad y desorden que padece el Distrito Federal en innumerables rubros no se resolvería sólo con partir la geografía de las delegaciones políticas más grandes y pobladas, como Iztapala o Cuauhtémoc, pasando de 16 a 20, como se ha propuesto.

No, porque aunque es cierto que en el DF tenemos delegaciones más pobladas y extensas que algunas de las principales ciudades del país e incluso que algunos estados, lo que hace prácticamente imposible la gobernabilidad, sin una Reforma Política de fondo para que los delegados, como los alcaldes, tengan entre sus capacidades de gobierno, autonomía financiera, facultades recaudatorias y  en materia seguridad pública, por citar algunas, sólo incrementaremos el número de delegaciones, pero con los mismos gobiernos de ornato.

A esto equivale lo que recién aprobaron los diputados federales, una legislación que parece más producto de su propio remordimiento que de una reflexión política de fondo.

Es una lástima que sigan gastando la pólvora en infiernillos; es una lástima que no entiendan la agenda de la ciudad, aprobando una ley de efectos superficiales y que no hayan siquiera tomado en cuenta a la ALDF para su diseño. Es lamentable que les siga quedando grande la confección de la Reforma Política del DF, que es el verdadero reto de la capital.

No es mala la idea de ampliar los periodos ordinarios de sesiones en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, pero sin el contexto de la Reforma Política que otorgue facultades constitucionales a la Asamblea, flaco favor le hace la Cámara de Diputados a la ciudad.

La Asamblea capitalina lo que necesita son facultades legislativas plenas, como la de ser parte del constituyente permanente.

Si tuviera que escoger entre ser parte del constituyente o tener más días de sesión, prefiero tener más facultades que más días de sesión con facultades truncas. Creo que los diputados han mandado una muy mala señal para la Reforma Política.

Nos queda claro a todos que sin el oficio y la convicción política, ni ampliando los periodos de sesión, les será suficiente para lograr los consensos que permitan legislar lo que verdaderamente requiere el quehacer político de la capital del país. Esperemos que los diputados federales hagan la parte que les corresponde para lograr la tan anhelada Reforma del DF.

Los capitalinos y los diputados locales requerimos un espacio con las mismas atribuciones de los congresos locales, con los que hoy se compara la ALDF, sólo por la duración de los periodos. De contar con tales facultades, entonces sí, ya podríamos ver si se necesitan 46 o más días de sesión para “aumentar la productividad” y la eficiencia.

No tengo duda de que en el Senado la pertinencia de lo aprobado en Diputados se sopesará en otra balanza, la balanza de la Reforma Política como debió ocurrir desde su origen.

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