La Línea Dorada y el “Año de Hidalgo” (II)

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Federico Döring 23/03/2014 00:00
La Línea Dorada y el “Año de Hidalgo” (II)

En los gobiernos perredistas es conducta sistemática hacer del último año el “Año de Hidalgo” y hacerlo con obras faraónicas y a través de fideicomisos, que asumen que no son fiscalizables.

Lo fue el Segundo Piso de López Obrador y lo es la Línea 12 del Metro que, a recomendación de ICA-Alstom-Carso, se inventó una autoridad llamada Proyecto Metro para llevarse el dinero de los ciudadanos a campañas presidenciales amarillas.

En su último informe, Marcelo Ebrard presumió la obra pública más importante de los últimos 30 años de la ciudad. Ahora resulta que al haberla realizado al más puro estilo del Grupo Atlacomulco, como la que realizó el profesor Hank González, hace 31 años, la Línea Dorada es un elefante, no blanco, sino amarillo, que no sirve y generó un multimillonario desfalco.

Empresas, funcionarios y exfuncionarios se acusan. Apenas tras dos comparecencias ante integrantes de la Comisión de la ALDF para investigar la Línea 12 del Metro, las deficiencias, irregularidades y corruptelas salen a la luz pública. El reparto de culpas ha sido la constante, servidores públicos que responsabilizan al consorcio, mismo que evade, revira omisiones, errores y acusa al gobierno de la mala operación y mantenimiento de la Línea Dorada.

La inauguración de la Línea 12 sólo se compara con la aventura de la inauguración del World Trade Center, que en su momento realizó el expresidente Salinas. Igual que él, como es evidente, Marcelo Ebrard y los demás responsables privados y públicos sólo se ocuparon de lo necesario para la foto de la apertura.

Los excesos no dejan de sorprender, desde el grotesco conflicto de intereses, tipificado en el artículo 221 del Código Penal, en el que Enrique Horcasitas fue impuesto como director del Proyecto Metro por el propio consorcio constructor ICA-Alstom-Carso, donde el hermano, Luis Horcasitas, es directivo de alto nivel en ICA, hasta la muy cuestionable decisión del STC de parar la obra, como lo reveló el ahora exdirector del Proyecto Metro, 14 meses después de operar, luego de cinco millones de kilómetros recorridos y 100 millones de viajes, lo que permite suponer que los usuarios estuvieron expuestos a un fatal descarrilamiento.

La obra faraónica del “Año de Hidalgo” de Ebrard, que por los tiempos electorales se entregó inconclusa y la actual administración del STC Metro la firmó de recibida con las miles de deficiencias, no ve la luz al final del túnel. Nadie se atreve a decir con certeza cuándo estará en condiciones de operar.

Desde su incongruencia y falta de sensibilidad, el gobierno perredista tendrá que explicarle a los usuarios que no pueden utilizar 11 de las 20 estaciones de la Línea Dorada y que, sin saberlo, pusieron sus vidas en riesgo y que la dirección del Metro pretende darle más dinero a las misma empresas responsables del desastre de la Línea 12 —contemplan asignarle el mantenimiento de la obra, por alrededor de 200 millones de pesos, a Alstom—.

Será que la verdadera razón para otorgarle a Alstom 200 millones de pesos es para comprar algún silencio, una complicidad o llegar a algún acuerdo a espaldas de la ciudadanía. No es la primera vez que un gobierno perredista haría tal cosa.

Faltan comparecencias, sobran responsables, la investigación debe llegar a fondo, que el costo de reparación de esta obra no se cargue al erario público, debe haber consignados e inhabilitados por este elefante amarillo, emblema ya de la corrupción perredista.

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