Perredistas por designación

La democracia reclama de equilibrios para el bien común, reclama de hombres y mujeres preparados para servir con honestidad y eficacia

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Federico Döring 02/03/2014 00:00
Perredistas por designación

El pasado viernes acudimos a la  sesión extraordinaria de la Asamblea Legislativa del DF para votar por un periodo de seis años más a ocho magistrados del Tribunal Superior de Justicia del DF.

Son ocho perfiles prestigiados en los que depositamos nuestra confianza y avalamos con el voto panista. Sin embargo, el proceso mediante el cual fueron impulsados es producto de la voracidad y hasta de la incontinencia perredista.

Los dictámenes fueron impulsados por la mayoría del PRD y que como proceso, más allá de los perfiles que apoyamos, tiene el tufo de una imposición partidista.

Pongo sobre la mesa dos escenarios supuestos para el PRD. ¿De qué tamaño sería el estertor de su discurso si jueces y magistrados del Poder Judicial de la Federación fueran impuestos por el partido gobernante? o ¿Qué sucedería si en Guanajuato, en donde el PAN es mayoría,  los magistrados del tribunal local se impusieran por el partido? La respuesta es sencilla, el PRD se envolvería en su bandera de mártir de la democracia y clamaría  acusando cuando menos un albazo legislativo o convocando a tomar la sede o tribuna de un congreso, claro si es que no hasta cierran una avenida.

Los amarillos tienen como costumbre ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Marcados por su ADN autoritario, acostumbran usar su mayoría en la ALDF para hacer del acuerdo político y el consenso, como ahora con estos nombramientos tan importantes para la vida de la capital del país, objetos de ornato legislativo.

Han hecho de tal práctica una constante en la elección o ratificación de servidores públicos de órganos colegiados en el Distrito Federal. Los diputados locales del PRD buscan colocar en esas posiciones a personajes afines, que insisto, no siendo este el caso, terminan en condición de  perredistas por designación.

Todos los  servidores públicos deben obedecer al interés ciudadano, los magistrados tienen en sus manos el cuidado de un valor superior que es el de la justicia, saben que los intereses de grupos o tribus de un partido político no pueden condicionar ni someter sus decisiones.

Temas como justicia, procedimientos electorales, administrativos y de derechos humanos son trascendentes para la vida política y social de nuestra ciudad; en consecuencia, son nombramientos que además de cubrir el perfil, deben ser sometidos a un análisis y estudio profundo por parte de la Asamblea Legislativa. Es delicado que estos nombramientos resulten sólo de una imposición o negociación entre las tribus de un  partido. La ciudad requiere órganos colegiados profesionales que respondan al interés ciudadano y no a la de la camarilla que los ratificó o nombró en el cargo.

La democracia reclama de equilibrios para el bien común, reclama de hombres y mujeres preparados para servir con honestidad y eficacia. Por lo tanto, los nombramientos por mayoriteo, amistad y compadrazgo, sin un proceso de consenso y acuerdo político; no contribuyen a este objetivo. Honrar la política no es tan difícil, pero quizá para el  PRD el problema sea genético y no alcance nunca a comprenderlo.

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