¿El fin del crecimiento? (III)

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Fausto Alzati Araiza 10/07/2014 01:30
¿El fin del crecimiento? (III)

Los dos jueves anteriores abordé la pregunta formulada por Larry Summers: “¿Qué pasaría si las fuentes de crecimiento económico se hubiesen secado —no temporalmente, sino de forma permanente—?”. Larry Summers fue secretario del Tesoro del expresidente de EU Bill Clinton y ha sido, en uno u otro momento, economista en jefe de muchas instituciones económicas. La novedad del razonamiento de Summers es la afirmación de que el “estancamiento secular” comenzó 15 a 20 años antes del derrumbe económico. Aquí es donde entra en juego la inversión pública. Teniendo en cuenta que las tasas de interés se encuentran cercanas a cero y que existen trabajadores inactivos, es el momento para que el Estado emprenda la reconstrucción de la infraestructura.

A la luz de este escenario, ¿cuáles son las consecuencias para México y para una estrategia de crecimiento cuyo motor son las exportaciones hacia Estados Unidos y Europa? México va a convertirse en 2015 en el primer país vendedor de automóviles a Estados Unidos. Según datos de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) en 2013 los vehículos nacionales se quedaron con 10.6% del total del mercado estadunidense, que sumó 15.5 millones de autos (incluida la producción local). Pero ¿dispone México de la infraestructura indispensable para mantener esta expansión de las exportaciones y diversificarlas a otros sectores? ¿Y qué conviene hacer si Summers está en lo cierto y la economía de Estados Unidos va a un estancamiento permanente?

En este contexto, México tiene que rediseñarse como una nación integrada en la economía global interdependiente, y esto significa diversificar los intercambios del país de manera multidireccional y descentralizada. Quizás a la larga México consiga estar en la liga de las naciones líderes en la producción de innovaciones con impacto global. Pero por ahora, la viabilidad de México como proyecto nacional independiente en el largo plazo, dependerá de que, sin demora y a la mayor escala posible, todos los agentes relevantes del quehacer nacional concierten esfuerzos para desplegar las infraestructuras indispensables para atraer, y adaptar las actividades innovadoras que de manera exponencial van haciendo explosión a escala planetaria. No se trata de desligarnos de Estados Unidos, Canadá y Europa, sino de potenciar estos vínculos al tiempo que desplegamos otros igualmente intensos, sólidos y duraderos con los múltiples polos del nuevo crecimiento global. Brasil, India, China y el resto del mundo son retos y oportunidades que no podemos dejar pasar.

En 1995 integrar económicamente a México en Norteamérica mediante el TLCAN fue una decisión inteligente y eficaz, frente al reto formidable de sacar a México de un encierro económico prolongado, cuyos resultados se reflejaban en una industrialización fragmentada y en disparidades insostenibles entre ciudad y campo, centro y periferias. El modelo rindió frutos para México y para la mayoría de los mexicanos mientras Estados Unidos consiguieron mantenerse como la gran locomotora de la economía mundial. Sin embargo, si Summers está en lo cierto, y Estados Unidos no tienen ya la capacidad de continuar desempeñando el papel de locomotora del crecimiento mundial ni se puede esperar que lo haga Europa, México está obligado a repensar su estrategia de crecimiento.

Tras la crisis financiera global, el único modelo sostenible de crecimiento y desarrollo tendrá que ser uno que redistribuya, primero, entre las economías líderes del planeta y luego, entre todas las naciones del mundo, las capacidades clave de consumo, producción e innovación. Y quizá también haya llegado el momento de encontrar fórmulas financieras que doten de capacidad adquisitiva a los millones de mexicanos que subsisten en la pobreza. Ahí hay un gran mercado potencial para seguir creciendo.

                Twitter: @alzati_phd

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