Una política exterior para el México global

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Fausto Alzati Araiza 22/05/2014 01:07
Una política exterior para  el México global

Conforme transcurran las próximas décadas se hará cada vez más evidente el derrumbe del imperialismo hegemónico y la obsolescencia de los nacionalismos belicosos, así como su remplazo por instituciones supranacionales y eventualmente planetarias, capaces de afrontar con efectividad los grandes retos globales. En el marco de estas nuevas arquitecturas institucionales, el poder de decisión se expresa mediante liderazgos activamente sensibles a los consensos y a las sensibilidades de un mundo políticamente multipolar y económicamente interconectado e interdependiente. Frente a estos desafíos, el canciller José Antonio Meade Kuribreña trabaja sin descanso en el propósito de retomar nuestro legítimo sitio en los organismos multilaterales y rescatar nuestra tradición de política exterior, para que vuelva a ser orgullo de México y de los mexicanos. Las inmortales hazañas diplomáticas de Matías Romero, Isidro Fabela y Alfonso García Robles están ahí para mostrarnos el rumbo.

En este contexto, México tiene que rediseñarse como una nación integrada en la economía global interdependiente y esto significa diversificar los intercambios del país de manera multidireccional y descentralizada. Quizás a la larga México consiga estar en la liga de las naciones líderes en la producción de innovaciones con impacto global. Pero por ahora, la viabilidad de México como proyecto nacional independiente y viable en el largo plazo dependerá de que, sin demora y a la mayor escala posible, todos los agentes relevantes del quehacer nacional concierten esfuerzos para desplegar las infraestructuras indispensables para atraer, adaptar y potenciar las actividades innovadoras que de manera exponencial van haciendo explosión a escala planetaria.

No se trata de desligarnos de Estados Unidos y Canadá, sino de potenciar estos vínculos al tiempo que desplegamos otros igualmente intensos, sólidos y duraderos con los múltiples polos del nuevo crecimiento global. Europa, Brasil, India, China y el resto del mundo son retos y oportunidades que no podemos dejar pasar. En 1995 integrar económicamente a México en Norteamérica mediante el TLCAN fue una decisión inteligente y eficaz, frente al reto formidable de sacar a México de un encierro económico prolongado, cuyos resultados se reflejaban en una industrialización fragmentada y en graves síntomas de desintegración social y disparidades insostenibles entre ciudad y campo, centro y periferias. El modelo funcionó a cabalidad y rindió frutos para México y para la mayoría de los mexicanos mientras Estados Unidos consiguió mantenerse como la gran locomotora de la economía mundial, gracias a sus incomparables capacidades de innovación, consumo y apalancamiento financiero de alcance global.

Sin embargo, resulta evidente que Estados Unidos no tiene ya la capacidad de continuar desempeñando a cabalidad y por si solo el papel de locomotora del crecimiento mundial. Tras la gran crisis financiera global, el único modelo sostenible de crecimiento y desarrollo globales tendrá que ser uno que redistribuya, primero, entre las economías líderes del planeta y, luego, entre todas las naciones del mundo, las capacidades clave de consumo, producción e innovación.

Celebremos pues que México retoma su prestigio como promotor y líder de las mejores causas de la humanidad: la paz mundial, el asilo a los injustamente perseguidos, la preservación del medio ambiente global, el desarme nuclear planetario y el fin del armamentismo, el libre intercambio de bienes y servicios, el impulso mundial a la ciencia y la cultura, el mejoramiento global de la condición de niños y mujeres. Estas y otras semejantes son banderas que el México global vuelve a  enarbolar con la dignidad y eficacia con que lo hizo ya  por muchas décadas.

                Twitter: @alzati_phd

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