Establos limpios

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Fausto Alzati Araiza 08/05/2014 01:23
Establos limpios

El jueves pasado escribí: “Hércules, hijo de Zeus y una reina mortal, fue condenado por la diosa Hera a realizar 12 trabajos. Uno de esos trabajos fue el de limpiar los establos de Augias en un solo día, tarea tan repugnante como irrealizable, pues el estiércol de los establos llevaba años sin recogerse. Hércules pudo alcanzar el éxito sin necesidad de recoger una sola pala de excrementos, pues desvió el curso de dos ríos que rodeaban el lugar, haciendo que el agua torrencial arrastrara el estiércol muy lejos de allí”.

Y señalé que “en su gran obra El orden político en las sociedades en cambio, Samuel P. Huntington define la corrupción no como un asunto “moral”, sino de manera pragmática como “la brecha entre la norma y la práctica”. A México le ha llegado la hora de cerrar o al menos acortar significativamente esa brecha (…) Quizá los dos grandes ríos de esta limpieza sean los dos pilares de una gran reforma administrativa en todos los niveles de gobierno: simplificación y transparencia. Es hora de limpiar los establos para darle eficacia a las reformas ya alcanzadas”.

En efecto, tanto las reformas constitucionales como las leyes reglamentarias de las mismas —que a muchos ha dado por llamar “leyes secundarias”— tienen como objetivo primordial, en buena medida, la asignación de nuevas atribuciones, o la modificación de las existentes, a algún órgano u organismo de alguno de los tres niveles de gobierno, primordialmente el federal. En consecuencia, en ausencia de una reforma administrativa de gran calado, que dote de eficacia, es decir, de capacidad efectiva de supervisión, sanción y ejecución de lo ordenado en las reformas a los órganos y organismos gubernamentales correspondientes, éstas reformas acabarán por ser hermosa letra muerta, testimonio de loables y ambiciosos objetivos de gobierno, pero no acción eficaz. Y esto acabará más temprano que tarde por manifestarse en una gran desilusión nacional.

Ahora bien, en todas las instancias y niveles, los grandes ejes de una reforma administrativa de gran calado tienen que ser la simplificación y la transparencia.

La simplificación porque todos sabemos que, tras cada regulación innecesaria, tras cada complicada e interminable odisea burocrática, se esconde la tentación de la discrecionalidad del burócrata que puede lucrar con la desesperación del inerme ciudadano. Simplificar, con lógica implacable y sin miedo al precedente, desregular en serio y a fondo estrechará la brecha entre la norma y la práctica y nos dejará con establos más limpios.

La transparencia resulta igualmente indispensable. Aquí y en China, la transacción corrupta, la que genera beneficios privados mediante la apropiación patrimonialista de los bienes y servicios públicos, tiene que ocurrir necesariamente en lo oscurito. Lograr que la luz poderosa del escrutinio público y ciudadano alumbre todos los rincones del aparato y los procesos administrativos, reduce los espacios en que la transacción corrupta puede ocurrir y, si se le practica consistentemente, acaba por marginalizar a quienes la practican, sean éstos servidores públicos o ciudadanos.

De esta manera se van consolidando las estructuras y prácticas administrativas de las que puede emerger y establecerse, como norma y no como excepción, un servicio civil profesional, bien remunerado y eficaz, que pueda servir de sustento administrativo a un gobierno democrático, electo de manera incuestionable, cualesquiera que sean sus orientaciones partidista o ideológica. De esta manera, la reforma administrativa, con la simplificación y la transparencia como ejes fundamentales y la eficacia como norma, permitirá a México culminar con éxito su tránsito hacia una cabal democracia, en la que la alternancia, la pluralidad y la limpieza electoral sean, junto con una administración eficaz, garantía de buen gobierno. Así, con los establos limpios, todos viviremos mejor.

                Twitter: @alzati_phd

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